
Highlights
Crecimiento productivo sin correlato económico
La industria paraguaya de videojuegos pasó de unos pocos títulos a más de 300 desarrollos en quince años, y el número de estudios activos se multiplicó. Sin embargo, ese crecimiento no se tradujo en desarrollo económico proporcional.
Un gap de oportunidades medible
El país acumula una pérdida de oportunidades que se expresa en empleos que no se crearon, divisas que no ingresaron y un ecosistema que no logró consolidarse a pesar del aumento de la producción.
Fuga de talento local
Mientras los discursos mediáticos celebran la “trayectoria ascendente”, el talento formado en Paraguay termina siendo aprovechado por mercados externos, evidenciando la ausencia de políticas públicas sostenidas que retengan el capital humano.
Desde hace más de cinco años, una frase se repite con insistencia en los medios locales y en las declaraciones de referentes del sector: “la industria de videojuegos en Paraguay está en crecimiento”. En 2021, un artículo de Revista FOCO titulado “Videojuegos, industria que crece en Paraguay” señalaba que el sector “viene en franco crecimiento”. En 2024, Forbes publicó que la industria estaba “experimentando un crecimiento notable” con una “trayectoria ascendente”. En 2025, Marco Brunetti, presidente de IGDA Paraguay, afirmó que la industria había demostrado un “crecimiento sostenido”.
Cada una de estas afirmaciones es cierta en sí misma. El volumen de producción pasó de unos pocos títulos aislados a más de 300 juegos desarrollados en el país en quince años. El número de estudios activos creció. El interés por formar parte del sector se multiplicó. Pero la pregunta que los números crudos no responden —y que los titulares optimistas suelen eludir— es otra: ¿se ha traducido ese crecimiento en un desarrollo económico proporcional? Y más importante aún: ¿qué ha perdido Paraguay por no haber acompañado ese crecimiento con políticas públicas sostenidas?
La comparación entre los discursos mediáticos y los indicadores económicos disponibles arroja una respuesta incómoda: el país acumula un gap de oportunidades que se mide en empleos que no se crearon, en divisas que no ingresaron y en talento que se formó aquí pero terminó siendo aprovechado afuera.
Una industria que crece sin apoyo estatal: el límite del esfuerzo individual

La producción de videojuegos en Paraguay creció gracias a la voluntad de los propios desarrolladores. Sin subsidios, sin líneas de crédito específicas, sin marcos regulatorios que faciliten la inversión, los estudios locales aprendieron a hacer con poco y a competir en el exigente mercado global desde una posición de desventaja estructural.
El sector, según datos de 2025, genera ingresos anuales estimados en USD 3 millones. Una cifra modesta, que representa apenas un 0,3% de los ingresos que genera el gaming en Brasil (USD 8.000 millones anuales) y un pequeño porcentaje en relación con Argentina o Chile. Para que la comparación sea justa, la población de Paraguay es sensiblemente menor, pero incluso ajustando por tamaño, la brecha es enorme. La industria creativa en su conjunto (economía naranja) se estima que mueve alrededor de USD 1.000 millones en el país y genera unos 50.000 empleos directos, pero de esa torta, los videojuegos representan una porción muy acotada.
Juan Eduardo de Urraza, CEO de Posibillian Tech, señaló en 2024 que la exportación de videojuegos podría alcanzar los USD 2,5 millones al año siguiente. La cifra refleja un avance, pero también pone en evidencia la escala reducida del sector. Para dimensionarlo: un solo estudio mediano en Argentina o Chile puede facturar individualmente montos similares o superiores, sostenido por incentivos fiscales y acceso a financiamiento que aquí no existen.
El costo de la ausencia de políticas
Los datos disponibles sugieren que la inversión pública no es un gasto, sino una inversión con retornos demostrados en la región. Países similares en tamaño al Paraguay, como Uruguay, con apenas 20 estudios, construyeron una industria competitiva a partir de créditos fiscales para investigación y desarrollo, que ofrecen una devolución de hasta el 100% de los gastos en innovación, y exoneraciones impositivas que convirtieron al país en un polo de atracción de talento.
Paraguay no ha implementado ninguna de estas herramientas. La Ley de Economía Naranja o la Ley de Fomento al Audiovisual existen, pero su reglamentación no incluye a los videojuegos. Aunque podemos hablar del videojuego como “obra audiovisual”, dentro de la especificación de la Ley 6.106/2018, no hay fondo concursable específico. No hay una línea de crédito blanda adaptada a los ciclos de desarrollo de la industria creativa. No hay un programa sostenido de apoyo a la internacionalización.
El resultado es una fuga de talento silenciosa y sostenida. Los desarrolladores paraguayos que se forman con esfuerzo y talento terminan, en una proporción significativa, trabajando para estudios extranjeros de forma remota. Una desarrolladora local que trabaja para una empresa en California gana alrededor de USD 30.000 anuales. Ese ingreso se genera desde Paraguay, pero la propiedad intelectual que desarrolla, los contratos que firma y el valor agregado que produce se registran en el exterior. El país recibe la remesa de divisas, pero no captura el grueso del valor generado.
Un estudio de Posibillian Tech, el más grande del país con 84 empleados, dedica el 80% de su esfuerzo a proyectos para clientes internacionales. La estrategia es virtuosa en lo individual: genera ingresos, empleo y experiencia. Pero en términos agregados, revela una debilidad estructural: la industria local concentra sus recursos en servicios para terceros, no en el desarrollo de propiedad intelectual propia que pueda escalar y generar retornos exponenciales.
Lo que ya se dijo, lo que se reitera, lo que no se resuelve: cinco años de discursos sin plan

El contraste entre el discurso y la acción es elocuente. En marzo de 2023, desarrolladores de videojuegos expusieron ante el entonces presidente Santiago Peña “el potencial de la industria digital” y la necesidad de “apoyo estatal”. En 2024, Juan de Urraza reiteró la importancia de recibir asistencia para “educación, financiamiento y participación en eventos internacionales”. En 2025, Gabriel Villalba, cofundador de Posibillian Tech, insistió en que el enfoque debería ser “generar empresas locales que presten servicios globales, en lugar de formar talento exclusivamente para que migre”.
El discurso se repite. Los diagnósticos se acumulan. Las hojas de ruta se dibujan. Y el año 2026 encuentra al sector en una posición similar a la de 2020: talento disponible, casos de éxito puntuales, y una ausencia de políticas públicas que permita saltar de la resiliencia individual a la sostenibilidad colectiva.
Un informe del BID de septiembre de 2025 incluyó a Paraguay entre los nueve países analizados para la región, detectando que la oferta exportable es diversa pero está fragmentada, y que las empresas son en su mayoría micro, pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas aún informales. La recomendación del organismo fue clara: se necesitan políticas públicas específicas para “fortalecer el sector, mejorar el capital humano, facilitar el acceso al financiamiento y consolidar los ecosistemas empresariales”.
Lo perdido en términos de crecimiento
Sin una política de fomento activa, la industria local sigue operando con una capacidad de expansión limitada. El talento existe, pero no encuentra canales de desarrollo profesional local, por lo que se orienta al mercado externo. La producción existe, pero se concentra en servicios de outsourcing, donde el margen de ganancia es reducido. La creatividad existe, pero no se traduce en propiedad intelectual propia que pueda escalar a nivel regional o global.
Si Paraguay replicara apenas una parte de los incentivos que ya funcionan en la región —un fondo concurso de USD 500.000 anuales, un crédito fiscal del 20% para desarrollo de videojuegos, un programa de becas para formación de artistas digitales—, el impacto sería significativo. Chile, con un fondo audiovisual que financia proyectos de videojuegos, logró que las exportaciones del sector crecieran un 50% en un año, alcanzando los USD 9 millones. Uruguay, con apenas 20 estudios, construyó una industria de referencia regional basada en créditos fiscales para I+D.
No se trata de copiar modelos, sino de adaptar lo que ya funciona. La Ley de Economía Naranja existe. La Ley de Fomento al Audiovisual existe. La estructura para implementar políticas de fomento existe. Lo que falta es la decisión política de aplicarlas al sector de los videojuegos, con partidas específicas, plazos definidos y metas medibles.
Mientras tanto, la industria sigue creciendo a pulmón, al ritmo que le permite el esfuerzo individual de sus protagonistas. Pero el crecimiento que podría haber sido exponencial se mantiene lineal. Los empleos que podrían haberse creado en cantidad no se materializan. Las divisas que podrían haberse capturado se fugan al exterior. El talento que podría haber construido industria local se emplea en el extranjero.
Esa es la verdadera pérdida.
