
Highlights
Perfil institucionalista y de continuidad
La nueva Directora Ejecutiva del INAP, Natalia Fuster, es economista y gestora cultural, con un enfoque en la continuidad de los procesos. Su perfil sugiere que la institucionalidad del INAP se mantendrá, pero el sector gaming observa con atención si los puentes tendidos se sostienen.
Un cambio de gestión con incógnitas
Christian Gayoso, el Director Ejecutivo saliente, fue quien comenzó a tender puentes con el sector de videojuegos, incluyendo la visita del experto Álvaro Iparraguirre y el diálogo con IGDA Paraguay.
El desafío de no cortar los puentes
El principal reto para la nueva Directora Ejecutiva es mantener y profundizar el diálogo con el sector gaming, que en los últimos dos años comenzó a ser reconocido como parte del ecosistema audiovisual paraguayo. La pregunta es si la gestión de Fuster continuará esa línea o la abandonará.
El 23 de julio de 2026, la Secretaría Nacional de Cultura y el Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP) anunciaron un esperado cambio en la industria audiovisual del Paraguay.
Christian Gayoso, quien estuvo al frente del instituto durante los últimos años y fue el principal impulsor del acercamiento del organismo a la industria de videojuegos, además de potenciar políticas públicas orientadas al crecimiento del quehacer audiovisual, deja oficialmente el cargo tras 5 años de gestión y un Concurso Público de Oposición en el cual, el decidió, de forma personal, no participar. En su lugar asumirá Natalia Inés Fuster, economista de la Universidad Nacional de Asunción y gestora cultural con una larga trayectoria en la administración pública.
El anuncio no fue una sorpresa para quienes siguen de cerca la política cultural del país. Fuster había participado en el Concurso Público de Oposición para el cargo, y su designación fue el resultado de un proceso que incluyó una entrevista personal y una serie de preguntas sobre su visión del audiovisual paraguayo.
Durante dicho proceso, la hoy flamante Directora Ejecutiva respondió sobre temas que van desde la formación de público hasta la internacionalización del cine nacional, pasando por la gestión de fondos y la articulación con la sociedad civil. Habló de derechos de autor, de inteligencia artificial, de descentralización, de la necesidad de una escuela de cine pública y gratuita, y de la importancia de que el INAP funcione como un “puente entre el sector y las políticas públicas”.
Pero, vale resaltar… En ningún momento mencionó a los videojuegos.
Una transición con luces y sombras

La ausencia de la palabra “videojuego” en la entrevista de Fuster no pasó desapercibida en la comunidad de desarrolladores locales. Durante la gestión de Gayoso, el INAP había dado pasos concretos para incluir al sector gaming dentro de su órbita de acción. En 2024, el instituto comenzó a dialogar con IGDA Paraguay. En 2025, formalizaron un acuerdo de colaboración. En 2026, el INAP gestionó la visita del Dr. Álvaro Iparraguirre, coordinador de Animación y Videojuegos de la Universidad de Lima, quien recorrió el país con una agenda de encuentros con desarrolladores, universidades y público general. También acompañó la Global Game Jam de enero/febrero de 2026, y anunció la creación de un Punto Focal de la Industria del Videojuego dentro de su estructura.
Esos pasos fueron vistos por la comunidad como señales de que el INAP estaba dispuesto a reconocer a los videojuegos como parte del ecosistema audiovisual. La Ley 6106/2018, que creó el instituto, nunca mencionó explícitamente a los juegos electrónicos, pero la interpretación de Gayoso fue amplia: el videojuego es una obra audiovisual interactiva, y como tal, merece ser parte de la política pública del sector. De ahí partieron los esfuerzos citados en el párrafo anterior
La pregunta que muchos se hacen ahora es si esa interpretación sobrevivirá al cambio de gestión.
El perfil de Natalia Fuster: institucionalista y de largo plazo

Seamos justos: Fuster tiene un perfil que encaja con las necesidades de una institución que maneja fondos públicos y debe rendir cuentas. Su formación en economía y su experiencia en gestión pública (en entes autónomos, según dijo) le dan un conocimiento práctico de la administración estatal que muchos de sus antecesores no tenían.
En su presentación, Fuster se definió como “institucionalista” y destacó la importancia de permanecer el tiempo suficiente en el cargo para poder desarrollar políticas de fondo. “Considero que permanecer un tiempo en la institución permite que se puedan desarrollar a fondo las diferentes políticas que se tienen que implementar o que ya fueron implementadas para seguir asegurando que tenga una continuidad en el proceso de la institución”, afirmó. Esa declaración, en sí misma, es una buena noticia para quienes temen que el cambio de dirección implique un borrón y cuenta nueva.
En sus respuestas, Fuster mostró una comprensión clara de los desafíos del audiovisual: la necesidad de descentralizar, la importancia de la formación de público, la urgencia de articular con las universidades, la obligación de transparentar el uso de los fondos públicos. También se mostró abierta a la discusión sobre inteligencia artificial —un tema que cruza al gaming— al proponer una política que regule su uso y exija a los proyectos adjudicados declarar el porcentaje de IA utilizado.
Pero la ausencia de una referencia directa a los videojuegos es un dato que la comunidad no puede ignorar. No es un desaire, pero sí una omisión que plantea preguntas: ¿los videojuegos están en su radar? ¿Los considera parte del audiovisual? ¿O los ve como un sector aparte, que no le compete?
Lo que el INAP ya hizo y lo que falta hacer
La gestión de Gayoso dejó una hoja de ruta que Fuster podría (y debería) continuar. La visita de Iparraguirre fue un primer paso para entender las experiencias de otros países en políticas de fomento al desarrollo de videojuegos. La creación de un Punto Focal era el siguiente paso para darle al sector un interlocutor dentro del INAP. La participación en la Global Game Jam fue una muestra de que el instituto puede acompañar iniciativas comunitarias sin necesidad de desembolsar grandes sumas de dinero.
Pero lo que aún falta es la reglamentación. La Ley 6106/2018 no incluye a los videojuegos, y para que el INAP pueda destinar fondos concursables a proyectos de desarrollo de juegos, necesita una resolución interna que lo habilite. Ese paso, que Gayoso no alcanzó a dar por el tiempo que tuvo, será una prueba para Fuster.
La nueva Directora Ejecutiva hereda un instituto con una estructura en marcha, con fondos disponibles (el FONAP maneja recursos significativos) y con una comunidad de desarrolladores que ya demostró que puede producir juegos de calidad internacional. Lo que falta es la voluntad política de reconocer que los videojuegos no son un apéndice del audiovisual, sino una parte central de la industria cultural del siglo XXI.
La oportunidad de una gestión con continuidad

El cambio de dirección es siempre un momento de incertidumbre, pero también de oportunidad. Fuster tiene la posibilidad de tomar lo que ya se construyó y darle un marco más sólido. Su perfil institucionalista y su énfasis en la continuidad son activos que, bien usados, podrían traducirse en políticas duraderas.
La comunidad de desarrolladores debería acercarse a la nueva directora con propuestas concretas, no con demandas abstractas. Mostrarle que los videojuegos generan empleo, exportan servicios y posicionan al país en mercados globales. Explicarle que el INAP ya dio pasos en esa dirección y que solo necesita consolidarlos. Invitarla a conocer los proyectos, los estudios y las personas que hacen posible la industria local.
La ausencia de dicho tópico en su entrevista no tiene por qué ser definitiva. Puede ser solo el reflejo de una agenda que no llegó a ese tema en el tiempo disponible. El trabajo de los próximos meses será determinar cuál de las dos interpretaciones es la correcta.
La pelota está en la cancha de la nueva dirección
Fuster asume la dirección del INAP en un momento crucial. El instituto tiene recursos, tiene una ley que lo respalda y tiene una comunidad que espera respuestas. La transición de Gayoso a Fuster no es el fin de un proceso, sino su continuación. Lo que determine el futuro del gaming en el INAP no es lo que dijo (o no dijo) la nueva directora en su entrevista, sino lo que haga en los próximos meses.
Si Fuster mantiene el rumbo, convocando a la comunidad y destinando recursos a los videojuegos, habrá demostrado que su institucionalismo es más que una frase.
La pelota está, ahora, en la cancha de la nueva dirección. Y la comunidad, expectante, estará observando de cerca como Fuster prosigue con ese acercamiento promovido por Gayoso.
