
Highlights
Estructura que no llega
Más de 300 juegos en una década no alcanzan sin ley de fomento ni datos oficiales.
De IGDA al GPV
La renuncia de Brunetti abrió un camino que hoy se materializa en una nueva organización.
Cinco fundadores, un objetivo
Reunir, conectar y potenciar a toda la cadena creativa del desarrollo local.
El Gremio Paraguayo de Videojuegos existe desde este 7 de septiembre. Lo impulsan Enrique Bernardou, Paz Fretes, Sebastián Villamayor, Marco Brunetti y Eduardo Benítez, y se presenta como organización sin fines de lucro con un objetivo que suena sencillo en el papel y resulta complejo en la práctica: reunir, conectar y potenciar a todas las personas, estudios y organizaciones que forman parte del ecosistema de desarrollo de videojuegos en Paraguay.
El anuncio no sorprende a quienes siguen la escena gamedev local. Brunetti —quien hasta agosto de este año presidía IGDA Paraguay— dejó el cargo “por motivos personales” después de un proceso sostenido de revitalización del gremio que incluyó la reactivación de los canales de comunicación de la comunidad, el impulso a la Global Game Jam, la consolidación de la Feria Palmear como espacio de exhibición y, lo más significativo en términos institucionales, el inicio del primer diálogo formal entre el sector y el Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo en mayo de 2024. Su renuncia abrió preguntas legítimas sobre la continuidad de esos procesos. La creación del GPV es, en parte, su respuesta personal a esas preguntas.
Pero el GPV no es solo la continuación de lo que Brunetti hacía en IGDA con otro nombre. La diferencia de diseño es relevante y vale la pena detenerse en ella.
Una arquitectura pensada para todo el ecosistema

IGDA Paraguay es, por definición, un capítulo local de una asociación internacional. Su nombre lo dice: International Game Developers Association. Esa afiliación le da visibilidad, le da credenciales frente a organismos del exterior y le da acceso a redes globales. Pero también le impone una identidad de origen que históricamente priorizó al desarrollador técnico —al programador, al diseñador de sistemas— por sobre el resto de las disciplinas que hacen posible un videojuego.
El GPV parte de una premisa distinta: hacer videojuegos es un trabajo colectivo y multidisciplinario. Por eso, la organización no apunta solo a programadores y desarrolladores. Desde su fundación incluye explícitamente a artistas, ilustradores, animadores, diseñadores, músicos, compositores, guionistas, productores y profesionales de negocios, además de estudiantes de todas las disciplinas que contribuyen a la creación y el crecimiento de un juego. No como usuarios secundarios de una comunidad técnica, sino como parte constitutiva de lo que el gremio entiende por industria.
El ecosistema gamedev paraguayo real —el que funciona en los estudios, en los proyectos de game jam, en las colaboraciones freelance— es profundamente interdisciplinario. Un juego como los que produce Waraní Studios, con raíz en el folclore guaraní, involucra narrativa, arte digital, composición musical, diseño de niveles y programación en proporciones similares. Un título hipercasual de Roshka Studios exige diseño de producto, marketing, análisis de datos y relaciones con publishers internacionales tanto como código.
Una organización que represente solo a una parte de esa cadena no puede hablar en nombre de toda la industria frente al Estado, frente a las empresas o frente a los medios.
La agenda concreta: educación, alianzas y presencia internacional

El GPV no se limita a declarar intenciones amplias. Sus objetivos públicos apuntan a cuatro líneas de trabajo que son, a la vez, las cuatro carencias más documentadas del ecosistema local.
La primera es la educación y la capacitación. El sector creció en cantidad de proyectos —el Informe de Impacto Económico de la Escena Gamedev Paraguaya, elaborado por 20XX con datos de IGDA Paraguay y que estará disponible en los próximos días, contabiliza más de 300 títulos desarrollados entre 2016 y 2026— pero ese crecimiento no vino acompañado de una oferta formal de formación especializada. La mayoría de los desarrolladores activos aprendió por cuenta propia, en game jams o en espacios comunitarios. El GPV se propone generar instancias de formación sistemática, lo que implica articular con universidades, instituciones técnicas y referentes del sector que hoy no tienen un espacio institucional donde volcar ese conocimiento.
La segunda línea es la construcción de alianzas con instituciones, empresas y comunidades nacionales e internacionales. Acá el GPV tiene una oportunidad concreta que IGDA Paraguay no logró consolidar completamente: convertirse en un interlocutor estable frente al Estado paraguayo, y en particular frente al INAP. El diálogo iniciado en 2024 entre IGDA y ese organismo fue real pero frágil: dependía en gran medida de la continuidad de las personas que lo encabezaban.
Una organización con estructura propia, con mayor representatividad sectorial y con una agenda clara tiene más posibilidades de sostener ese vínculo a lo largo del tiempo, independientemente de quién ocupe los cargos directivos en cada momento.
La tercera línea es el desarrollo profesional y comercial. El sector necesita no solo más proyectos, sino proyectos que generen condiciones de trabajo sostenibles para quienes los hacen. Eso implica hablar de modelos de negocio, de acceso a financiamiento, de contratos, de derechos de propiedad intelectual y de precios. Son conversaciones que una comunidad informal puede tener de forma espontánea, pero que una organización gremial puede sistematizar, documentar y llevar a una mesa de negociación.
La cuarta línea es la internacionalización. El GPV se propone impulsar la participación del talento paraguayo en ferias, conferencias, encuentros y eventos internacionales del sector. No es una novedad en sí misma: Rediex ya acompañó delegaciones paraguayas a la Game Developers Conference de San Francisco y a otros eventos regionales.
La novedad es que el GPV puede asumir ese rol de articulación desde el propio sector, sin depender exclusivamente de la agenda de un organismo estatal cuya prioridad, seamos más que sinceros, no son los videojuegos.
El contexto que hace necesaria esta organización
Para entender por qué el GPV llega ahora y por qué llega de esta forma, ayuda mirar el estado real de la industria con números concretos.
El Informe de Impacto Económico citado antes —el primero de su tipo y de su rango a nivel nacional elaborado con metodología explícita y verificable— estima que la facturación anual del sector local ronda entre 2,5 y 3 millones de dólares. Es una cifra autoinformada, sin respaldo estadístico oficial, porque Paraguay no publica datos específicos de videojuegos en ningún registro del Estado.
Para dimensionarla: Argentina factura alrededor de 780 millones de dólares anuales en el sector; Brasil, más de 250 millones. La brecha no es solo de escala. Es estructural: ambos países construyeron sus ecosistemas sobre años de políticas públicas acumulativas —incentivos fiscales, subsidios directos, marcos legales específicos— que Paraguay todavía no tiene.
El único instrumento disponible es la Ley 6106/2018, que creó el INAP para el sector audiovisual en general. Sus artículos permiten una interpretación que incluiría a los videojuegos como beneficiarios del Fondo Nacional del Audiovisual Paraguayo, tal como lo afirmaba su anterior Director Ejecutivo, Christian Gayoso, pero esa interpretación nunca se reglamentó de forma específica para el sector.
A la fecha no existen convocatorias del FONAP dirigidas a proyectos de videojuegos y a falta de una continuidad de trabajo mancomunado, es dificil que, en lo que reste del año, exista alguna. El diálogo entre IGDA y el INAP, iniciado en 2024, produjo hasta ahora un resultado concreto: el apoyo institucional del INAP a la edición 2026 de la Global Game Jam. Es un primer paso, no una política.

La experiencia regional muestra que este tipo de procesos son lentos. Argentina tardó dieciséis años entre su primera norma vinculada al sector y el primer subsidio directo al desarrollo de videojuegos. Brasil sancionó su Marco Legal dos Games recién en 2024, después de que la industria ya había crecido de forma orgánica durante años. Paraguay parte de una posición más desventajosa: sin mercado interno suficiente para crecer solo, sin una ley específica y con el único organismo relevante recién despertando al sector.
En ese contexto, la existencia de una organización gremial que pueda sostener la presión institucional de forma continua no es un lujo ni un detalle organizativo. Es una condición necesaria para que el diálogo con el Estado avance más allá de los gestos simbólicos.
Lo que viene, lo que queda pendiente
El GPV anunció que en las próximas semanas dará a conocer nuevas iniciativas, alianzas, actividades y mecanismos de incorporación. Los detalles concretos —estructura interna, modelo de membresía, primeras acciones públicas— no forman parte del comunicado de lanzamiento.
Es una apuesta deliberada por presentar primero la visión y desarrollar la forma en paralelo, lo que tiene sentido para un proyecto que parte de cero pero también implica que las preguntas más importantes todavía no tienen respuesta: cómo se financiará la organización, quién podrá incorporarse y en qué condiciones, qué relación tendrá con IGDA Paraguay en la práctica, y cómo se medirá su efectividad a lo largo del tiempo.
Lo que sí quedó claro desde el primer comunicado es la intención de fondo. “Queremos que el talento paraguayo pueda crecer acá, pero también que tenga las herramientas y conexiones para llegar al mundo”, dice la cita que cierra el anuncio oficial. Es una frase que podría haber aparecido en cualquier declaración institucional del sector en los últimos diez años.
La diferencia es que esta vez llega firmada por cinco personas con trayectoria real en el ecosistema local, con un diseño gremial que aprendió de lo que no funcionó antes, y en un momento en que los datos disponibles —incluyendo el Informe de Impacto Económico que 20XX publicará en los próximos días— permiten por primera vez tener una conversación sobre la industria con números sobre la mesa, no solo con intuiciones.
El GPV nace como una promesa. La industria paraguaya de videojuegos tiene suficiente historia acumulada como para saber que las promesas, solas, no alcanzan. Lo que viene en las próximas semanas dirá si esta organización tiene lo que se necesita para convertir esa promesa en estructura.
