
Highlights
Desarrollo en horario extra
Durante un mes y medio, Corvalán programó Push Titans en sus noches y fines de semana, exprimiendo las horas disponibles después de su trabajo de 9 a 18 en Roshka Studios.
Éxito en Poki sin campaña de marketing
El juego de estrategia por oleadas alcanzó alta valoración y comentarios positivos de miles de jugadores en la plataforma web, sin inversión en publicidad.
Talento paraguayo sin respaldo estatal
La historia refleja la realidad del desarrollo independiente en Paraguay: creatividad y esfuerzo individual frente a la falta de garantías económicas y políticas públicas de apoyo al sector.
A mediados del año pasado, mientras el equipo de Roshka Studios se preparaba para la noche, Victor Corvalán cerraba la tapa de su notebook y abría la de su computadora personal. Eran aproximadamente las 19:00, y el desarrollo de Push Titans comenzaba para él. Durante un mes y medio, su vida fue una sucesión de horas extras, noches acortadas y fines de semana dedicados a un motor de juegos web que nadie en la empresa había usado antes.
“Mi horario en Roshka Studios va de lunes a viernes, de 9 a.m. a 6 p.m., así que tuve que exprimir el desarrollo en las horas que quedaban”, relata en un artículo publicado en Medium. “Los días hábiles, normalmente empezaba a las 7 de la tarde y solía programar hasta las 9 o más. Los fines de semana, lograba dedicarle entre cuatro y seis horas. Algunos días no podía trabajar en absoluto, simplemente estaba demasiado agotado”, escribe.
El resultado de esos ratos libres fue Push Titans —un juego de estrategia por oleadas donde el usuario debe defender un reino de un ejército de no-muertos invocando campeones, eligiendo posiciones en el campo de batalla y decidiendo cuándo reforzar sus tropas. Un mes y medio de trabajo en solitario le alcanzaron para completar el MVP. Para el segundo mes, el juego ya se encontraba publicado en las vitrinas de la plataforma Poki, con una alta valoración y comentarios positivos de una comunidad de jugadores que se contaba por miles.
La pregunta que surge entonces no es si Push Titans es un éxito (el propio desarrollador es el primero en despejar dudas sobre sus ingresos), sino qué significa que un desarrollador con el currículum de Victor Corvalán —creador de Hole and Fill (+24 millones de descargas) y Junkyard SIM (+3.8 millones)— dedique su tiempo libre a producir pequeños juegos web, sabiendo de antemano que es probable que no generen grandes ganancias. La respuesta a esa pregunta, de alguna manera, resume la realidad del desarrollo de videojuegos independiente en Paraguay, donde el talento existe, pero las garantías económicas y los apoyos estatales todavía no acompañan al crecimiento de un ecosistema en ciernes.
El currículum de un creador de hits

Para entender las motivaciones de un profesional con el perfil de Corvalán, hay que retroceder un poco en el tiempo. Víctor no es un novato. Es un desarrollador que ya tiene en su haber dos éxitos masivos: Hole and Fill (+24M de descargas) y Junkyard SIM (+3.8M). El primero, publicado con Homa Games, se convirtió en un verdadero fenómeno viral que llegó a ser el juego más descargado en la tienda de aplicaciones de Estados Unidos. Un golpe de suerte que no fue casual: Corvalán había aprendido la lección de su primer intento fallido en la industria.
“La primera vez, creábamos juegos basados en ideas que al equipo personalmente le gustaban y que creíamos que funcionarían”, explica en otro artículo en Medium. “Pero para una empresa, no basta con creer. Necesitas datos para justificar invertir tiempo y dinero en una idea”, sentencia. Fue a través de una gamejam organizada por la publicadora francesa HOMA Games que descubrió cómo las grandes empresas testean sus proyectos midiendo métricas objetivas como el tiempo promedio de partida, la retención de jugadores o la facilidad para obtener nuevas descargas a bajo costo.
Ese fue el método que aplicó con Hole and Fill, y le funcionó. El juego no solo fue descargado millones de veces, sino que, en sus propias palabras, “ayudó a [Roshka Studios] a recuperar no solo los gastos del primer intento de crear el estudio, sino también los del segundo. Nos permitió mantener nuestro equipo y seguir creando videojuegos”.
Push Titans: un proyecto personal con métricas de fábrica

Ya con la experiencia de haber trabajado con publicadoras internacionales y de haber desarrollado juegos para dispositivos móviles, el objetivo de Corvalán con Push Titans fue diferente. Ya no se trataba de conseguir un hit global, sino de, como él mismo explica, “aprender un nuevo motor, divertirme y quizás, al mismo tiempo, explorar oportunidades para mi equipo en Roshka Studios”.
El motor elegido fue Defold, una alternativa ligera a Unity, que consideró demasiado pesado para la web, y otros motores como Construct3 o GDevelop. Una vez que tuvo el MVP, la plataforma de Poki le permitió realizar una prueba de “ajuste de jugador” (Player Fit Test), exponiendo su proyecto a 500 jugadores reales para medir su desempeño. El primer test no fue prometedor: el tiempo promedio de juego fue de 2 minutos y 30 segundos, por debajo del mínimo de 3 minutos que busca la plataforma. Pero Corvalán no se rindió. Ajustó el juego, implementó nuevas funciones como habilidades y una tienda, y volvió a intentarlo. Tras la publicación definitiva, el juego obtuvo una calificación de 4.5 con más de 7700 votos, y sigue acumulando comentarios positivos.
Sin embargo, en un mensaje posterior, Corvalán fue claro al despejar las expectativas. “En cuanto a ingresos, lo más probable es que alcancen un salario mínimo por 1 mes”, afirma el desarrollador. “Puedo decir lo mismo, o incluso menos, en plataformas web similares. Van a necesitar un hit si quieren ganar bien, sea mobile, web, steam, etc. Muchas veces hacen ruido ciertos proyectos porque les fue bien, pero son 1 en 100… o 1000. Es la realidad”, sentencia.
La honestidad brutal de Corvalán pone el éxito de su propia creación en perspectiva. Push Titans no le dará de comer, pero le permitió algo que quizás es igual de valioso en la industria: probar una tecnología, testear un flujo de trabajo con un publisher internacional y, sobre todo, mantener la constancia de crear un producto en un tiempo récord.
La realidad de la escena de videojuegos en Paraguay
El caso de Push Titans es la fotografía en miniatura de una escena nacional que, a pesar de haber dado pasos agigantados en los últimos años, todavía enfrenta enormes barreras estructurales. Según datos de la propia comunidad, en los últimos 15 años se desarrollaron más de 300 videojuegos en el país, creados por equipos pequeños, de forma independiente o en las popularmente conocidas como game jams. Sin embargo, en un reportaje de Forbes de 2025, se señalaba que en Paraguay existían “menos de 10 empresas” dedicadas al desarrollo de videojuegos, con una facturación anual que apenas alcanzaba los 3 millones de dólares.
El economista detrás del análisis lo dijo con todas las letras en un artículo publicado en el 2026: “Hay talento, falta apoyo”. La frase, que se ha convertido en una especie de mantra para la comunidad de desarrolladores, resuena especialmente en el caso de Corvalán, quien a pesar de sus éxitos pasados, todavía tiene que recurrir a sus horas libres para explorar sus propias pasiones creativas en un proyecto paralelo.
“La mayoría de los proyectos del estudio son desarrollos para terceros”, reconocía Paulino Rolón, Fundador de Kraken Studios, en una entrevista. Y es que, si bien el talento existe, la falta de financiamiento e incentivos obliga a los estudios a dedicarse a la subcontratación, mientras que el desarrollo de propiedad intelectual propia se convierte en un lujo que no todos se pueden permitir. El propio Corvalán parece seguir esa máxima. Aunque tiene éxito como productor en Roshka Studios, sus proyectos personales tienen un carácter casi artesanal: son de menor escala, sin la presión de tener que generar grandes sumas de dinero, y con el objetivo primordial de aprender y experimentar.
El fin del juego: manual de instrucciones para una industria que crece

Push Titans no es el juego más rentable de Victor Corvalán, ni será el último. Pero es, quizás, el que mejor resume la situación de una industria que no termina de despegar. El camino de Corvalán podría servir como mapa de ruta para los nuevos desarrolladores.
“Empiecen de a poco”, recomienda en sus escritos, abogando por participar en jams y crear prototipos pequeños antes de embarcarse en proyectos comerciales de gran envergadura. Pero también podría aplicarse a las instituciones del país. Hace falta una hoja de ruta que empuje el talento local desde el sector privado y el Estado, para que crear un videojuego en Paraguay no sea una apuesta que se haga en las horas libres, sino una elección profesional sostenible.
Los desarrolladores locales están demostrando que pueden llegar muy lejos. Victor Corvalán es un ejemplo de que el mercado global está al alcance, pero que su realidad dista mucho de la de los grandes estudios extranjeros. Mientras tanto, el “salario mínimo por un mes” que generó Push Titans en su pico de popularidad se suma a una lista de pequeños aciertos. La esperanza de la industria está puesta en que algún día esos aciertos se conviertan en el nuevo estándar, y que la realidad de “1 en 1000” que describe Corvalán se convierta en cosa del pasado.
