Tim Curry fue uno de esos actores que se convierten en parte de la infancia de varias generaciones sin que nadie lo planifique.. Su rostro, su voz, su forma de moverse en pantalla quedaron grabados en películas, series y también en una industria que no siempre recibe el reconocimiento que merece: la de los videojuegos.
El actor británico falleció hoy, 26 de agosto, a los 80 años. La noticia conmueve a quienes crecieron viéndolo en Clue, The Rocky Horror Picture Show, Mi Pobre Angelito II o la película original de It. Pero también, a quienes lo descubrieron a través de un monitor, con un joystick en la mano.
Porque Tim Curry no fue ajeno a los videojuegos. Todo lo contrario. A lo largo de más de dos décadas, prestó su voz y su talento actoral a más de una docena de títulos. Construyó personajes, algunos heroicos. Muchos, villanos memorables.
Los años 90: un actor en plena era dorada de las aventuras gráficas

Su primer gran papel en el medio llegó en 1993. Gabriel Knight: Sins of the Fathers lo puso en la piel de un escritor de Nueva Orleans que investiga crímenes vinculados al vudú. Fue un protagónico absoluto. La voz de Curry acompañó al personaje durante toda la aventura gráfica.
Un año después, en 1994, participó en Wing Commander III: Heart of the Tiger, interpretando a Melek. Ese mismo año, el cine y los videojuegos empezaban a cruzarse con más frecuencia. Curry entendió el potencial del medio antes que muchos.

En 1995 protagonizó Frankenstein: Through the Eyes of the Monster, un juego de imagen real donde interpretó al mismísimo Dr. Frankenstein. Fue actuación pura, con su cuerpo y su presencia en pantalla.
En 1996 llegó Toonstruck. Su papel: el Conde Nefarious, villano principal de una aventura gráfica que hoy es considerada de culto. Al año siguiente prestó su voz a King Chicken en Duckman: The Graphic Adventures of a Private Dick.
En 1999 cerró la trilogía de Gabriel Knight con Gabriel Knight 3: Blood of the Sacred, Blood of the Damned. Volvió a dar voz al personaje que lo había recibido en el medio seis años antes. No era un actor que pasaba de largo. Construía vínculos con sus papeles.
Los 2000: villanos, dioses y un meme inmortal
La década del 2000 lo encontró en papeles cada vez más oscuros. En 2000 prestó su voz a Stratos, dios de la tierra, en Sacrifice. En 2004 grabó el doblaje de Satanás para Four Horsemen of the Apocalypse, un juego que nunca llegó a lanzarse. Aun así, su trabajo quedó registrado.
En 2007 interpretó al Profesor Calamitous en Nicktoons: Attack of the Toybots. Un año después llegó uno de los papeles más recordados de su filmografía en videojuegos: Anatoly Cherdenko en Command & Conquer: Red Alert 3.
Ahí no solo prestó su voz. Actuó en imagen real. Interpretó al premier soviético con una intensidad que oscilaba entre el drama y la parodia. Su escena más famosa —esa en la que proclama que escapará “al único lugar que no ha sido corrompido por el capitalismo: ¡el ESPACIO!”— se convirtió en un meme legendario. Todavía hoy circula en foros, redes y conversaciones entre jugadores.
En 2009 dio voz al Emperador Doviculus en Brütal Legend. El personaje era imponente, perverso, teatral. Curry lo habitó con una naturalidad que pocos actores podrían igualar. Ese mismo año interpretó a Arl Rendon Howe en Dragon Age: Origins. Un aristócrata traicionero, de esos que el jugador aprende a odiar desde la primera conversación.
Un legado que también vive en la animación
Su trabajo en series animadas le permitió regresar a los videojuegos en más de una ocasión. En 2002 prestó su voz al villano de Scooby-Doo! Night of 100 Frights. En 2003 retomó su papel de Nigel Thornberry en Rugrats Go Wild!, basado en la serie Los Thornberrys.
Fueron papeles menores en comparación con sus protagónicos, pero confirman algo importante: Tim Curry nunca despreció el medio. Aceptó cada proyecto con la misma entrega, fuera un juego de estrategia, una aventura gráfica o un título basado en una franquicia infantil.
Una voz que no se apaga
Tim Curry deja un vacío enorme. Su carrera fue prolífica, diversa y profundamente querida. Para el cine y la televisión, fue un actor que podía moverse entre el humor absurdo y el terror con la misma solvencia. Para los videojuegos, fue una de esas voces que elevaron el medio cuando todavía luchaba por ser tomado en serio.
Y lo mejor de todo, fue que siempre se mantenía activo en su página de Facebook, donde constantemente interactuaba con sus fans. Las limitaciones físicas causadas por el derrame que sufrió en el 2012, no afectó en lo absoluto su cercanía con aquellos quienes apreciaban su arte y, viceversa, le permitió estar cerca del mundo virtual que ya lo conocía de primera mano con los videojuegos en los que participó.
Los jugadores que lo escucharon en Gabriel Knight no lo olvidaron. Los que lo vieron en Red Alert 3 tampoco. Los que lo descubrieron en Dragon Age: Origins supieron que estaban ante un actor distinto.
Hoy el espacio es un poco más silencioso. Pero su voz sigue ahí, en cada partida, en cada escena, en cada meme que vuelve a aparecer en una conversación. Tim Curry no se va del todo. Los videojuegos, como el cine y la TV, tienen la costumbre de guardar para siempre a quienes los habitaron con talento.
