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Del microcentro al interior
El desarrollo de videojuegos en Paraguay ya no se concentra en Asunción. Equipos en Ciudad del Este, Encarnación, Villarrica y Caaguazú producen y publican títulos, rompiendo la lógica centralista de los últimos años.
Números que ya no caben en un distrito
IGDA Paraguay reporta 220 miembros activos y más de 300 juegos publicados en 15 años. La descentralización geográfica se acompaña de una diversificación de géneros, narrativas y modelos de producción.
De proveedor a creador de IP
La expansión territorial abre la puerta a que Paraguay deje de ser visto solo como un mercado de servicios y se consolide como generador de propiedades intelectuales propias con capacidad de competir en la industria global.
En Ciudad del Este, Encarnación, Villarrica, Caaguazú y otras ciudades del interior hay equipos creando, publicando y soñando con que sus juegos lleguen a audiencias internacionales, algo contrastante a la realidad anterior, donde todo estaba centralizado en la capital del país.
Los números que maneja IGDA Paraguay —220 miembros activos, más de 300 juegos publicados en los últimos 15 años— ya no caben en un solo distrito. La conversación que tuvimos hace un tiempo con Marco Brunetti en “El Observador” plantea un cambio de paradigma: la descentralización no es solo geográfica, es también una oportunidad para diversificar los tipos de juegos, las narrativas y, finalmente, las propiedades intelectuales que Paraguay exporta al mundo.
Acompáñanos en este viaje como buen juego textbased, para explorar cómo la expansión territorial del desarrollo de videojuegos puede convertirse en el principal activo para que el país deje de ser visto solo como proveedor de servicios y se consolide como creador de IP propia con alcance global.
La descentralización: un arma de doble filo
La dispersión geográfica de los desarrolladores es un fenómeno irreversible y, en principio, positivo. Permite que el talento emerja donde está, sin necesidad de migrar a la capital. Pero también trae consigo desafíos de coordinación, acceso a oportunidades y visibilidad que no pueden subestimarse.
Como señala Marco Brunetti, “la descentralización es un arma de doble filo. Por un lado, amplía el talento y la diversidad; por otro, exige una coordinación cultural y operativa que no podemos dar por sentada”. El riesgo es que los polos crezcan de forma aislada, sin conexión fluida con la industria consolidada en Asunción, generando desigualdades en el acceso a financiamiento, formación y networking. Un estudio en Encarnación puede tener el mismo nivel técnico que uno en la capital, pero si no accede a las mismas rondas de negocios, publishers o programas de mentoría, su potencial de crecimiento se ve limitado.
La oportunidad, sin embargo, es igualmente real. La aparición de “embajadores” regionales y alianzas con entidades como el Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP) o la Secretaría Nacional de Cultura pueden convertir esa dispersión en una red articulada. La clave está en pasar de la idea de “centro y periferia” a una lógica de nodos interconectados, donde cada ciudad aporte su perfil y donde el conocimiento y las oportunidades fluyan en todas direcciones.
Focos emergentes: más allá de Asunción, más allá de lo esperado

Las nuevas generaciones de desarrolladores en el interior no se limitan a replicar los modelos de Asunción. Aportan enfoques temáticos, estéticos y comerciales distintos, moldeados por el contexto económico y cultural de sus ciudades.
Ciudad del Este, por su perfil fronterizo y su familiaridad con el comercio electrónico, se perfila como un polo natural para desarrolladores que apuntan a modelos de negocio de rápido escalamiento. Allí la experiencia con el comercio digital y los sistemas de pago transfronterizos se combina con una mirada pragmática hacia los mercados internacionales, especialmente en el segmento de juegos móviles con microtransacciones o servicios dentro de plataformas como Roblox. No es casual que varios equipos de la zona hayan optado por el desarrollo hyper-casual, donde el ciclo de producción corto y la monetización por publicidad se alinean con un entorno acostumbrado a la rotación ágil de productos.
Encarnación, con una identidad más ligada al turismo y a lo histórico, tiende a explorar juegos de fuerte componente narrativo o basados en leyendas locales. Allí el desarrollo se apoya a menudo en las carreras técnicas de universidades locales y en una tradición de conservación cultural que encuentra en los videojuegos un vehículo de difusión. Esta inclinación abre una veta de IPs con identidad propia: mitos guaraníes, relatos de frontera, historias de la época jesuítica reinterpretadas desde la mecánica lúdica.
En otras ciudades donde el foco es aún más pequeño pero existe —por citar de forma vaga: Villarrica, Caaguazú, Pedro Juan Caballero— la actividad es más incipiente, pero existe. Se trata de equipos pequeños, a veces de una sola persona, que participan en game jams de forma remota, aprenden con tutoriales en línea y publican sus primeros proyectos en itch.io o Google Play. Para ellos, la descentralización es menos una estrategia que una condición de partida: el desafío es que esa condición no se convierta en una condena al aislamiento.
La diversidad como semillero de IPs exportables
Cuando la industria se concentra en un solo lugar, tiende a reproducir los mismos tipos de juegos, las mismas narrativas y los mismos modelos de negocio. La descentralización, en cambio, multiplica las posibilidades creativas y, con ellas, la capacidad de generar IPs que conecten con audiencias globales.
Un equipo en el interior puede desarrollar un juego basado en mitos guaraníes, pero con mecánicas —roguelike, deck-building, simulación económica— que lo hagan atractivo para el mercado asiático o europeo. Esa hibridación es un activo que nace de la diversidad territorial: el conocimiento del folklore local se combina con la comprensión de lo que funciona en plataformas globales, y el resultado puede ser tan distintivo como exportable.
Los modelos de negocio también se diversifican. Mientras Asunción se ha especializado en servicios para estudios internacionales —como Posibillian Tech con sus trabajos para Fortnite—, un equipo en Ciudad del Este puede enfocarse en juegos hyper-casual para móviles que generan ingresos por publicidad y tienen un alcance masivo en mercados como Brasil o Estados Unidos. La exportación, en ese caso, no es solo el juego terminado, sino también el conocimiento acumulado sobre cómo optimizar el ciclo de vida de un producto en la tienda de aplicaciones.
Además, la descentralización permite que estudios pequeños se especialicen en nichos muy concretos —audio, arte conceptual, localización al portugués— que son demandados por estudios extranjeros que buscan partners confiables fuera de los polos tradicionales. Así, la canasta exportadora se amplía, y la industria gana en resiliencia.
Como señala Brunetti, “la industria paraguaya ya es internacional en alcance; su fortaleza radica en la capacidad de crear productos atractivos para mercados globales, especialmente móvil. Pero para sostener eso, necesitamos que la creación no dependa de un solo centro de decisiones”. La descentralización, bien gestionada, es la garantía de que la creación no se concentra en unas pocas manos, sino que se multiplica en distintos territorios con distintas visiones.
El rol de la comunidad organizada: de la dispersión a la red

La descentralización solo será una ventaja si va acompañada de estructuras que articulen a los actores dispersos, faciliten el acceso a formación y visibilidad, y eviten la fragmentación. La comunidad organizada tiene aquí un papel central.
Una de las propuestas que surgen del análisis es la figura de “embajadores” o enlaces en cada ciudad con actividad detectable, para que sirvan de puente con la central. No se trata de crear una jerarquía, sino de establecer puntos de contacto que conozcan la realidad local y puedan canalizar información, oportunidades y consultas. IGDA Paraguay ya ha comenzado a explorar esta idea, entendiendo que la red solo funciona si tiene nodos activos.
Otro eje necesario son las capacitaciones itinerantes. Llevar talleres de Unity, Godot, publishing, marketing o análisis de datos a distintas ciudades, en alianza con gobiernos locales o universidades, permite que los conocimientos no queden restringidos a quienes pueden viajar a la capital. Estas instancias también funcionan como catalizadoras de encuentros entre desarrolladores que, de otro modo, trabajarían en soledad.
Finalmente, está la cuestión de los fondos. Los fondos concursables públicos o privados para el desarrollo de videojuegos deberían incorporar criterios de descentralización, ya sea con líneas específicas para proyectos del interior o con puntajes adicionales para iniciativas que demuestren articulación regional. La equidad territorial no es un añadido de justicia distributiva: es una inversión en diversidad creativa, y por lo tanto en la capacidad de generar IPs que no se parezcan a lo que ya existe.
Desafíos estructurales que aún frenan la exportación desde el interior
A pesar del potencial, hay barreras concretas que impiden que los desarrolladores del interior puedan convertir sus IPs en productos exportables con la misma facilidad que sus pares de Asunción.
La conectividad sigue siendo un obstáculo en muchas ciudades. La colaboración en tiempo real con clientes internacionales, el uso de plataformas cloud para renderizado o testing, y la participación en reuniones virtuales con publishers exigen una calidad de internet que no siempre está garantizada fuera del área metropolitana. Esto puede traducirse en menores oportunidades de formar parte de equipos remotos o de acceder a programas de aceleración.
La visibilidad y las redes de contacto también pesan. Las rondas de negocio, las ferias internacionales y los encuentros con publishers suelen concentrarse en Asunción. Para un equipo de Caaguazú o Pedro Juan Caballero, participar implica costos de traslado y alojamiento que no siempre están contemplados en los presupuestos iniciales, por lo que muchos proyectos quedan fuera de circuitos clave.
La formación técnica avanzada es otro punto crítico. Mientras en Asunción hay más oportunidades de cursos especializados y mentorías presenciales, en el interior el aprendizaje sigue siendo mayormente autodidacta o se apoya en lo que ofrecen algunas carreras universitarias de perfil más general. El salto de calidad que permite pasar de un juego funcional a un producto comercialmente competitivo suele requerir acompañamiento que en las regiones aún escasea.
Abordar estos desafíos no es solo una cuestión de equidad territorial; es también una estrategia económica. Cada IP que no logra despegar por falta de acompañamiento es un producto de exportación potencial perdido, y cada equipo que se disuelve por falta de sostenibilidad es una oportunidad de crecimiento que se apaga antes de florecer.
Casos concretos: la construcción de un mapa vivo
En Ciudad del Este, hay estudios que ya están publicando juegos móviles en plataformas internacionales con modelos de negocio basados en publicidad, explorando nichos que combinan hipercasual con elementos de simulación. En Encarnación, equipos que participaron en la Global Game Jam han derivado sus prototipos hacia proyectos más ambiciosos, con énfasis en narrativas históricas y folklore regional. En Villarrica, un grupo de desarrolladores autodidactas está experimentando con Godot y participa en comunidades online latinoamericanas para compartir aprendizajes.
Estos casos no siempre son visibles en las estadísticas consolidadas, pero existen. Y su existencia es la mejor prueba de que la descentralización no es un proyecto a futuro, sino una realidad en marcha. El desafío ahora es documentarla, conectarla y potenciarla.
Hacia una política nacional de descentralización creativa
La descentralización no es solo un dato geográfico; es una oportunidad estratégica para que Paraguay diversifique su oferta de IPs y consolide una industria de videojuegos realmente nacional. Pero para que eso ocurra, se necesita un esfuerzo conjunto: desde la comunidad organizada, desde el Estado y desde el sector privado.
La comunidad organizada puede seguir fortaleciendo los lazos entre regiones, creando espacios de encuentro virtuales y presenciales, y visibilizando el trabajo de quienes están fuera de la capital. El Estado puede incorporar criterios de descentralización en sus líneas de apoyo, y facilitar la conectividad y la formación en las regiones. El sector privado puede abrir sus oportunidades de outsourcing y co-desarrollo a equipos de todo el país, no solo a los ya establecidos en Asunción.
El objetivo, como lo plantea Brunetti, no es que todos los desarrolladores se muden a Asunción, sino que donde sea que estén, tengan las mismas oportunidades de crear, publicar y vivir de sus juegos. Ese es el verdadero sentido de la descentralización: no dispersar por dispersar, sino multiplicar los focos de creación para que la industria sea más rica, más diversa y, sobre todo, más capaz de generar IPs propias con alcance global.
