
Highlights
Exploración sin presión
Un juego que invita a detenerse, mirar y resolver, sin castigar errores ni exigir reflejos.
Dirección artística sólida
Mundos tridimensionales con estética de cómic en blanco y negro, cuidados hasta el detalle.
Breve y repetitivo
Su corta duración y la repetición de algunos tipos de acertijos le restan alcance.
Cat Me If You Can parte de una idea bastante sencilla: recorrer distintos escenarios tridimensionales, encontrar gatos escondidos y fotografiarlos para completar una colección. En teoría, parece poco más que un juego de búsqueda, de esos que uno abre para pasar un rato y termina dejando después de unos minutos.
Sin embargo, la propuesta tiene bastante más detrás. Una de las cosas que más llamó la atención fue justamente la manera en que consigue sostener una experiencia basada casi por completo en la observación. Acá no hay reflejos que poner a prueba, enemigos que esquivar ni una barra de vida pendiente de lo que hagamos. Tampoco hay una presión constante para avanzar. Acá tenemos que entrar a cada escenario, recorrerlo y prestar atención a lo que hay alrededor.
Eso hace que Cat Me If You Can sea un juego tranquilo, pero no necesariamente pasivo. Hay una diferencia importante entre ambas cosas. El jugador está constantemente mirando, probando cosas y tratando de entender cómo funciona cada espacio. La recompensa no llega por moverse rápido, sino por haber visto algo que estaba ahí desde el principio y que se había pasado por alto.
Una propuesta que se define en la observación

El funcionamiento básico se entiende rápido. Cada nivel es un escenario tridimensional en el que hay gatos escondidos y el objetivo es encontrarlos, fotografiarlos y sumarlos a la colección. Algunos aparecen prácticamente a la vista, mientras que otros están colocados en lugares que obligan a recorrer un poco más el escenario.
La diferencia está en que no todo consiste en caminar hasta encontrar un gato escondido detrás de una pared. Hay situaciones en las que primero hay que resolver un acertijo, encontrar una pista o activar algún mecanismo. El escenario, entonces, deja de ser simplemente el lugar donde están escondidos los gatos y empieza a formar parte del propio rompecabezas.
La cámara tiene bastante que ver con esto. No funciona únicamente como el medio para registrar los gatos encontrados. También permite examinar determinados elementos del escenario y descubrir interacciones. Apuntar hacia algo que parece fuera de lugar puede llevar a una pista o revelar que ese objeto tiene alguna función.
Es un detalle sencillo, pero cambia bastante la forma de recorrer los niveles. Uno deja de mirar solamente para encontrar un gato y empieza a preguntarse si ese objeto, esa estructura o ese rincón del escenario puede tener alguna utilidad.
Los acertijos siguen la misma filosofía. No están pensados para convertirse en un muro contra el que el jugador pueda quedarse durante mucho tiempo. La mayoría son accesibles y permiten avanzar sin necesidad de buscar una solución en otro lado. Hay algunos más elaborados, pero en general el juego prefiere que la satisfacción venga de entender qué hacer antes que de castigar al jugador por no haberlo descubierto.
Eso encaja bien con el resto de la propuesta. Cat Me If You Can quiere que mires. No necesita que memorices combinaciones imposibles ni que tengas una precisión milimétrica con los controles.
Los mundos y su identidad visual

La aventura está repartida entre tres mundos temáticos: el antiguo Egipto, el Japón moderno y los castillos medievales. Cada uno cuenta con tres niveles, lo que da un total de nueve escenarios hechos a mano.
La división funciona porque cada mundo tiene suficiente personalidad como para que el cambio de escenario no se sienta simplemente como un cambio de textura. Hay detalles relacionados con el lugar en el que estamos y, sobre todo, una intención clara de utilizar a los gatos como parte de esa ambientación.
En los castillos medievales, por ejemplo, algunos felinos aparecen desempeñando oficios propios de la época. En el mundo japonés, otros están reinterpretados como criaturas vinculadas con el folclore local. Son pequeños detalles, pero tienen bastante importancia en un juego donde prácticamente todo depende de observar el escenario.
Esto también hace que recorrer un nivel no sea solamente una cuestión de buscar puntos concretos. Hay cosas que llaman la atención por sí mismas. Un objeto, un personaje o una situación puede no tener ninguna utilidad inmediata y, aun así, formar parte de ese pequeño mundo que el juego construye alrededor de la búsqueda.
La estética en blanco y negro termina de unir todo. El aspecto de cómic le da una identidad bastante particular y evita que los tres mundos se sientan desconectados visualmente. Hay una sensación constante de estar recorriendo una historieta en tres dimensiones.
Además, la elección funciona porque no compite demasiado con lo que realmente importa. No hay una enorme cantidad de efectos ni colores intentando llamar la atención al mismo tiempo. En un juego donde encontrar un gato puede depender de haber reparado en un detalle pequeño, mantener una presentación visual relativamente limpia tiene sentido.
La dificultad como decisión de diseño
Cat Me If You Can no es un juego difícil. Y después de probarlo, creemos que intentar hacerlo más complicado habría sido una mala decisión.
La progresión es bastante sencilla. Los primeros gatos están en lugares fáciles de identificar y, a medida que avanzamos, aparecen otros que requieren explorar más o resolver alguna situación antes de poder encontrarlos. El juego introduce estas dificultades poco a poco, sin convertirlas en obstáculos que interrumpan constantemente el recorrido.
La cantidad de gatos ayuda a entender cómo está planteada la experiencia. Hay 725 repartidos entre los nueve niveles, pero encontrarlos todos no es obligatorio para avanzar. Esto es importante porque convierte la colección en una meta personal. Si querés terminar el juego y seguir adelante, podés hacerlo. Si preferís dedicarte a revisar cada rincón para completar la colección, también tenés algo que hacer.
Lo mismo ocurre con los más de 50 acertijos y misiones secundarias. Hay algunos muy sencillos y otros que requieren prestar atención a diferentes partes del escenario. No todos tienen el mismo nivel de dificultad, pero la experiencia nunca se siente especialmente injusta.
El juego tampoco parece interesado en decirle al jugador cómo tiene que jugar. Si querés avanzar rápido, podés concentrarte en los objetivos principales. Si disfrutás de buscar cada detalle, hay suficiente contenido para justificar que vuelvas sobre determinadas zonas.
Ritmo y duración
El ritmo de Cat Me If You Can es probablemente una de sus características más marcadas. Todo ocurre con bastante calma. No hay temporizadores, enemigos persiguiendo al jugador ni situaciones en las que una equivocación obligue a repetir una sección completa.
Tampoco existe realmente la posibilidad de perder.
Para alguien acostumbrado a juegos que constantemente están planteando un nuevo desafío, esta falta de presión puede parecer extraña. Pero después de unas horas se entiende mejor qué busca el juego. Su gracia está precisamente en permitir que el jugador se tome su tiempo.
Hay algo agradable en poder entrar a una zona y recorrerla sin pensar que hay que llegar al siguiente punto cuanto antes. Podés detenerte a mirar una construcción, revisar un rincón o volver sobre una zona porque viste algo que te llamó la atención. El juego no te apura.
La duración, por otro lado, es bastante contenida. La estructura principal puede completarse en unas pocas horas. Si el objetivo es encontrar los 725 gatos y resolver todos los acertijos, la experiencia se extiende, pero sigue siendo un juego relativamente corto.
Personalmente, no creo que esto sea necesariamente un problema. Hay propuestas que parecen diseñadas para durar mucho más de lo que realmente tienen para ofrecer. Cat Me If You Can no cae en eso. Presenta su idea, la desarrolla durante sus nueve niveles y termina.
Claro que también puede dejar ganas de más. Y eso conecta directamente con una de las cosas que podrían aprovecharse en una futura expansión.
Apartado técnico y accesibilidad
En PC, el juego se comportó bien durante las horas que le dediqué. No tuve problemas técnicos importantes y tampoco encontré bugs significativos que afectaran la partida.
Los controles son sencillos y la cámara responde de manera adecuada. Esto parece un detalle básico, pero en un juego donde mirar alrededor es prácticamente la principal herramienta del jugador, una cámara incómoda habría terminado siendo bastante molesta.
También es una experiencia accesible desde el punto de vista de la dificultad. No hay combate ni plataformas exigentes, y tampoco hay una necesidad de reaccionar rápidamente ante lo que ocurre en pantalla. Los textos son legibles y la interfaz resulta fácil de entender.
En este caso no hay opciones de dificultad porque realmente no hacen falta. El juego está construido alrededor de otro tipo de desafío.
Donde sí encontré margen para mejorar la experiencia es en la orientación dentro de los niveles más grandes. Después de pasar bastante tiempo explorando, puede ser complicado recordar exactamente qué sectores ya revisaste y cuáles quedaron pendientes.
Un mapa o algún sistema que permitiera llevar un registro del progreso por zona podría ayudar bastante. No porque actualmente sea imposible orientarse, sino porque reduciría esos momentos en los que uno termina recorriendo nuevamente un lugar que ya había revisado.
Lo que podría crecer

La estructura de Cat Me If You Can tiene una ventaja importante: deja bastante espacio para agregar contenido sin necesidad de cambiar la fórmula.
Nuevos mundos serían la incorporación más evidente. La idea de esconder gatos dentro de escenarios con distintas temáticas tiene suficiente margen como para trasladarse a otros lugares y situaciones. También podrían sumarse más acertijos o utilizar los escenarios de maneras diferentes para evitar que la experiencia termine dependiendo demasiado de las mismas soluciones.
La variedad de los acertijos es precisamente uno de los aspectos que más podría crecer. Algunos conceptos se repiten entre mundos y, aunque funcionan, después de varias horas resulta más fácil anticipar qué clase de interacción puede haber detrás de determinada situación.
No creo que sea necesario convertirlos en rompecabezas mucho más difíciles. Sería más interesante encontrar nuevas formas de utilizar la observación y el propio escenario.
También podría funcionar un sistema de progresión un poco más elaborado, siempre que no termine complicando una propuesta que actualmente funciona justamente porque es sencilla.
En otras palabras, el juego no necesita convertirse en otra cosa. Tiene una base que funciona. Lo que le vendría bien es tener más cosas para hacer con ella.
Veredicto
Cat Me If You Can sabe bastante bien qué tipo de experiencia quiere ofrecer. No busca competir con juegos de acción ni convertir la búsqueda de gatos en un desafío extremo. Su propuesta es mucho más simple: entrar a un escenario, recorrerlo, mirar con atención y disfrutar cuando finalmente encontrás aquello que estabas buscando.
La estética en blanco y negro le da una identidad propia, los tres mundos tienen suficientes detalles como para invitar a la exploración y la combinación entre fotografía, búsqueda y acertijos consigue que los escenarios tengan algo más para ofrecer que una colección de objetos escondidos.
También ayuda que el juego no intente alargar artificialmente la experiencia. Se puede terminar en pocas horas y, para quienes quieran completar los 725 gatos y resolver todos los acertijos, queda contenido adicional para seguir recorriendo los niveles.
Sus principales problemas están más relacionados con lo que podría llegar a ofrecer que con lo que hace actualmente. La orientación en escenarios grandes podría ser mejor y algunos tipos de acertijos podrían tener más variedad. Son aspectos que se notan, pero no alcanzan para romper la experiencia.
Al final, Cat Me If You Can funciona mejor cuando uno acepta su ritmo. No es un juego para buscar acción ni para superar una prueba de habilidad. Es para sentarse, recorrer un escenario y mirar con un poco más de atención de la habitual. Y, entre tantos juegos que constantemente piden nuestra atención con algo nuevo, hay cierto mérito en uno que simplemente te deja mirar.

