La Comisión Europea respondió el 16 de junio de 2026 a la Iniciativa Ciudadana Europea “Stop Destroying Videogames”, que había reunido más de 1,4 millones de firmas en toda la Unión Europea. En su respuesta oficial, el Ejecutivo comunitario descartó la posibilidad de presentar una propuesta legislativa que obligue a los editores a mantener jugables los videojuegos después de que cesen su soporte comercial. En lugar de ello, la Comisión anunció que iniciará conversaciones con representantes de la industria y organizaciones de consumidores antes de finales de 2026 para desarrollar un código de conducta voluntario sobre la gestión del “final de la vida útil” de los videojuegos.
La decisión de la Comisión se fundamenta en razones de índole legal. Según el comunicado oficial, “los derechos de autor y otras normas de propiedad intelectual impiden a la Comisión imponer una obligación de mantener los juegos jugables”. Bruselas considera que “en esta fase no puede proponer una obligación legal” que exija a los editores mantener los juegos operativos después de su retirada del mercado. En su lugar, el diálogo con la industria y los consumidores buscará diseñar un “código de conducta” voluntario que aborde “cómo gestionar el final del videojuego”.
La respuesta de la Comisión, aunque esperada por los organizadores de la campaña, ha sido recibida con decepción por el movimiento Stop Killing Games. En un comunicado publicado en su cuenta oficial de X, la organización calificó la decisión como “no inesperada” y afirmó que estaban preparados para este escenario. Stop Killing Games anunció que continuará su lucha a través del Parlamento Europeo, buscando enmendar la iniciativa en la Ley de Equidad Digital (Digital Fairness Act). “Podemos seguir adelante sin la Comisión y su no-decisión”, declaró el fundador de la campaña, Ross Scott, quien ya había anticipado la posibilidad de una respuesta limitada de la Comisión mucho antes de que se anunciara la decisión.
El movimiento Stop Killing Games surgió como respuesta a la creciente práctica de los editores de lanzar títulos que requieren conexión permanente a servidores en línea y que, cuando esos servidores se apagan, se vuelven completamente injugables, incluso en su modo para un solo jugador. El caso más emblemático fue el cierre de los servidores de The Crew de Ubisoft, que dejó inaccesible el juego incluso para quienes lo habían comprado en formato físico. La campaña no pedía a los editores que mantuvieran los servidores en funcionamiento para siempre, sino que implementaran planes de fin de vida razonables que permitieran a los jugadores seguir accediendo a los títulos que adquirieron.
A pesar del revés en Bruselas, los organizadores de Stop Killing Games han manifestado su intención de seguir presionando a los legisladores europeos. La Ley de Equidad Digital, actualmente en fase de debate en el Parlamento Europeo, podría ser el vehículo para introducir medidas que protejan a los consumidores de la desaparición de los juegos por los que pagaron. Mientras tanto, la Comisión Europea ha abierto la puerta a un diálogo que, aunque no tiene fuerza vinculante, podría sentar las bases para futuras regulaciones si la industria no adopta medidas voluntarias suficientes. El código de conducta voluntario que se negociará a partir de finales de 2026 abordará aspectos como la transparencia en las políticas de fin de vida, la información a los consumidores sobre la duración prevista del soporte y la posibilidad de que los juegos sigan siendo funcionales en modo offline tras el cierre de servidores.
*Fuente: Comisión Europea / Stop Killing Games, 16 de junio de 2026*
