
Highlights
Un arquitecto del género beat ‘em up
Kishimoto concibió Renegade en 1986 y Double Dragon en 1987, estableciendo las bases de las peleas callejeras en desplazamiento lateral con golpes, patadas, agarres y objetos utilizables.
El modo cooperativo como sello
Double Dragon popularizó el juego simultáneo para dos jugadores, convirtiendo las máquinas recreativas en puntos de encuentro social y vendiendo millones de copias en NES.
Una carrera que comenzó en Data East
Antes de Technos Japan, trabajó en juegos con tecnología laser disc como Cobra Command y Road Blaster. Su legado sigue vigente medio siglo después.
El mundo de los videojuegos perdió a uno de sus arquitectos fundamentales. Yoshihisa Kishimoto, el creador de Double Dragon y la franquicia Kunio-kun (conocida en Occidente como River City Ransom), falleció el 2 de abril de 2026 a los 64 años. No fue un nombre tan mediático como Shigeru Miyamoto o Hideo Kojima, pero su huella en la industria es igualmente profunda. Sin Kishimoto, el género de los beat ‘em up de desplazamiento lateral —ese en el que uno o dos jugadores avanzan de izquierda a derecha golpeando a decenas de enemigos— no existiría como lo conocemos.
Su carrera comenzó en Data East a principios de los años 80, donde trabajó en juegos de arcade con tecnología laser disc como Cobra Command (Thunder Storm) y Road Blaster. Pero fue al llegar a Technos Japan Corp. cuando su talento explotó. Allí concibió Nekketsu Kōha Kunio-kun, lanzado en 1986 en Japón y conocido en Occidente como Renegade. Era un juego de peleas callejeras donde el protagonista, un estudiante rebelde, debía vengarse de una pandilla rival. El título ya adelantaba muchas de las mecánicas que luego se harían icónicas: golpes, patadas, agarres, y un escenario lateral con enemigos que salían de los callejones.

Pero el año siguiente, 1987, cambiaría todo. Kishimoto dirigió Double Dragon, un juego que no solo perfeccionó la fórmula de Renegade, sino que la expandió con combos, objetos utilizables (como bates de béisbol y cuchillos), y lo más importante: el modo cooperativo para dos jugadores simultáneos. La posibilidad de jugar con un amigo, enfrentándose a hordas de pandilleros mientras la música funk-punk sonaba de fondo, convirtió a Double Dragon en un fenómeno mundial. Las máquinas recreativas hacían fila en los arcades, y la adaptación a NES (también dirigida por Kishimoto) vendió millones de copias.
River City Ransom: la obra que marcó a toda una generación

Paralelamente, Kishimoto continuó desarrollando la serie Kunio-kun. En 1989, lanzó en Japón Downtown Nekketsu Monogatari, que llegó a Occidente en 1990 con el nombre de River City Ransom. Si Double Dragon era el beat ‘em up puro, River City Ransom era una vuelta de tuerca genial: combinaba las peleas callejeras con elementos de RPG. Los personajes subían de nivel, aprendían técnicas nuevas (como la patada voladora o el lanzamiento de proyectiles) y podían comprar comida en tiendas para recuperar salud. Muy parecido a otro juego querido mío, MegaMan, pero con otro sentido, otro estilo. El mundo era semiabierto, con varias pantallas conectadas, y el objetivo final era derrotar a los jefes de la banda rival.
Para el que escribe esta nota, River City Ransom fue la puerta de entrada al género beat ‘em up. Horas interminables recorriendo las calles de la ciudad, acumulando dinero para comprar un sushi carísimo que aumentaba los stats, descubriendo que el código “BAX” desbloqueaba técnicas secretas, y riéndose de los diálogos absurdamente traducidos (“El alcalde es un sapo”). Fue un juego que entendió que la violencia cartoon podía ser divertida sin ser gratuita, y que el humor y la personalidad importaban tanto como los combos.

Kishimoto no solo dirigió el original, sino que décadas después, en 2014, participó como asesor creativo en River City Ransom: Underground, un exitoso kickstarter que trajo de vuelta la franquicia en un nuevo formato. También dirigió Double Dragon IV en 2017, un regreso a las raíces que dividió a la crítica pero que muchos fans agradecieron.
Una carrera prolífica y silenciosa
El currículum de Kishimoto es extenso y variado. Dirigió o produjo títulos como Super Dodge Ball (otro clásico de Technos), WWF Superstars, The Combatribes, y varias entregas de la serie Sugoro Quest. También trabajó en juegos de culto como Chō Aniki (una serie de disparos con estética homoerótica que se volvió un fenómeno en Japón) y Cowboy Bebop para PlayStation. En los años 2000, se dedicó a producir juegos de bajo presupuesto para la serie Simple 1500 de D3 Publisher, como The Dungeon RPG, y luego fundó su propia compañía, Plophet Co., Ltd., en 2010.
A pesar de su importancia, Kishimoto siempre mantuvo un perfil bajo. No daba entrevistas con frecuencia, no se promocionaba en redes sociales. Prefería que su trabajo hablara por sí mismo. Y vaya que habló: Double Dragon vendió más de 10 millones de copias en todas sus versiones, y la franquicia Kunio-kun supera los 20 millones de juegos vendidos. Sus creaciones han sido reeditadas en decenas de compilaciones, versiones para móviles y consolas modernas.
El legado del beat ‘em up
Kishimoto no inventó los juegos de pelea —el género ya existía con títulos como Karate Champ o Kung-Fu Master— pero sí definió el subgénero del beat ‘em up de desplazamiento lateral con dos jugadores cooperativos. Antes de Double Dragon, los juegos de acción solían ser de un solo personaje. La posibilidad de jugar con un amigo, de ayudarse mutuamente, de compartir la experiencia de machacar pandilleros, fue una revolución social en los arcades. De repente, el gaming no era una actividad solitaria, sino una excusa para juntarse.
El legado de Kishimoto se ve en títulos modernos como Streets of Rage 4, The TakeOver, Fight’N Rage o el reciente Teenage Mutant Ninja Turtles: Shredder’s Revenge. Todos ellos beben directamente de la fuente que él abrió. Incluso juegos como Yakuza o Batman: Arkham tienen deudas con el beat ‘em up de desplazamiento lateral, aunque lo hayan trasladado a tres dimensiones.
Una pérdida sentida
La noticia de su fallecimiento, ocurrida el 2 de abril de 2026, fue confirmada por su hijo y por fuentes cercanas a la industria japonesa. Aún no se han dado a conocer las causas. La edad, 64 años, es un recordatorio de que los pioneros del desarrollo de videojuegos están envejeciendo, y que pronto nos despediremos de muchos más. Pero mientras sus creaciones sigan jugándose, Kishimoto no morirá del todo.
El beat ‘em up de desplazamiento lateral puede no ser el género más popular hoy, eclipsado por los battle royale y los juegos como servicio. Sin embargo, en el corazón de quienes crecimos en los arcades y en las consolas de 8 y 16 bits, siempre habrá un lugar especial para esos juegos donde solo había que avanzar hacia la derecha, golpear todo lo que se moviera, y al final, rescatar a la chica (o al amigo, o simplemente recuperar el orgullo). Esa fórmula simple pero adictiva fue obra, en gran medida, de Yoshihisa Kishimoto.
Gracias, maestro. Por Double Dragon, por River City Ransom, por tantas horas de diversión compartida. Ojalá donde sea que estés, las calles estén llenas de enemigos débiles y las máquinas tragamonedas nunca fallen. Y que siempre haya un amigo al lado para darte una mano.
