
Highlights
UX Designer y UI Designer en Mojang
Lia Aquino integra el equipo de User Experience Design de Minecraft, a cargo de interfaces y experiencia de usuario. También, es parte del equipo de User Interface Design.
Un nombre en los créditos
Su rol aparece dentro del equipo de Mojang Studios, junto a profesionales de una producción de escala mundial.
Talento desde Paraguay
Su caso muestra que la formación local puede llegar a roles especializados en la industria global.
La participación de Lia Aquino, diseñadora y parte de la comunidad Gamedev de Paraguay, en el equipo de Minecraft como User Experience Designer en el sitio web, un trabajo relacionado con la experiencia de usuario y las interfaces del juego y como UI Designer ingame, puede parecer un dato pequeño frente a las dimensiones de Minecraft, una de las propiedades más reconocibles de la industria mundial del videojuego.
Pero justamente ahí está su importancia. Aquino no aparece en los créditos como una curiosidad externa ni como parte de una colaboración circunstancial: su nombre figura dentro del equipo de User Experience Design de Mojang Studios, junto a profesionales responsables de una parte concreta de cómo millones de jugadores interactúan con el juego.
Y hay algo particularmente interesante en esto cuando se mira desde Paraguay. Durante mucho tiempo, hablar del desarrollo de videojuegos paraguayo significó hablar de una escena pequeña, de proyectos independientes, game jams, esfuerzos personales y estudios que intentaban encontrar un espacio dentro de una industria global. El primer Informe de Impacto Económico de la Industria Gaming en Paraguay, elaborado por 20XX Media y Nextek Holding, aporta ahora números para dimensionar ese fenómeno.
El crédito de Aquino no demuestra por sí solo el tamaño de una industria. Pero sí ofrece una evidencia concreta de otra cuestión: el talento formado desde Paraguay puede terminar participando en producciones de escala internacional y ocupar roles especializados dentro de ellas.
Un nombre paraguayo dentro de Mojang
La página oficial de créditos de Minecraft incluye a Lia dentro de la categoría User Experience Designers, junto a profesionales como Aksel Englund, Hajar Harda, Imani Ricks, Margot Laucournet, Sebastian Melchor Hedman y Tom Keen. La misma estructura de créditos ubica por encima de este grupo a los directores de User Experience Design y a un User Experience Design Lead.
Por otra parte, quedó registrada dentro del juego como UI Designer. Ambos casos son relevantes, ya que la distinción es importante, evitando reducir el trabajo de Aquino a la idea genérica de “diseñadora de videojuegos”. Su especialización aparece asociada directamente a la experiencia de usuario.
En un videojuego de la escala de Minecraft, donde millones de personas interactúan constantemente con menús, inventarios, información, controles y distintas capas de interfaz, el diseño de UX no es un detalle decorativo. Forma parte de la manera en que el jugador entiende y utiliza el juego.
Eso es precisamente lo que vuelve significativo encontrar un nombre paraguayo dentro de esa estructura. No hace falta exagerar el dato ni convertirlo en una historia de “Paraguay conquistando Minecraft”. Es algo más concreto: una profesional paraguaya consiguió formar parte de un equipo internacional que trabaja sobre uno de los videojuegos más importantes de la historia reciente.
Y eso, en una industria que todavía está construyendo su propio ecosistema local, dice bastante.
El contexto que muestran los números

El informe de impacto económico de 20XX ayuda a colocar este caso dentro de una fotografía mucho más amplia. El estudio documentó 300 proyectos con año confirmado entre 2016 y 2026, además de otros 34 proyectos cuyo año de desarrollo o lanzamiento no pudo determinarse. La investigación utilizó una base comunitaria proporcionada por IGDA Paraguay y contrastó los datos con fuentes públicas como Steam, SteamDB, Google Play, App Store, itch.io, además de coberturas periodísticas y fuentes institucionales.
La cifra más importante no necesariamente es la cantidad de juegos, sino lo que revela sobre las dimensiones y características de esa producción.
De los 300 proyectos con año confirmado, 123 nacieron en game jams, equivalentes al 41%. Al mismo tiempo, 128 alcanzaron el estado de “Completo”. El informe también identifica una fuerte concentración de la producción en determinados estudios y una presencia significativa de proyectos gratuitos o experimentales.
Es decir, existe actividad. Existe producción. Existe una comunidad que lleva años haciendo videojuegos. Pero también hay una diferencia importante entre tener una escena de desarrollo y disponer de una industria capaz de sostener profesionalmente a quienes trabajan en ella.
El mismo informe estima que solo 13 de los 348 proyectos catalogados tuvieron o tienen un precio de venta fijo, mientras que buena parte de la actividad económica identificada proviene de modelos móviles, contratos internacionales, publishing y otras formas de monetización. Para los juegos publicados en Steam analizados en el estudio, el retorno neto combinado estimado ronda los USD 102.000, con una concentración muy marcada en unos pocos títulos.
Ese contraste hace que el caso de Aquino resulte todavía más interesante.
No todos los caminos pasan por hacer un juego propio
Cuando se habla de la industria paraguaya de videojuegos, es fácil pensar exclusivamente en estudios que desarrollan y publican sus propios títulos. Es una parte importante de la historia, pero no es la única.
Una industria también está formada por diseñadores, artistas, programadores, músicos, escritores, productores, especialistas en UX/UI, QA y profesionales que pueden trabajar para empresas extranjeras o integrarse a producciones internacionales.
El caso de Aquino representa precisamente ese otro recorrido.
Su crédito en Minecraft no significa que Paraguay haya producido Minecraft, naturalmente. Tampoco permite afirmar que el país tenga una industria comparable con la de los grandes mercados. Lo que demuestra es algo más puntual y quizá más útil: el mapa profesional de un desarrollador paraguayo no termina necesariamente en las fronteras del mercado local.
El informe de 20XX señala justamente que el sector paraguayo todavía tiene una escala económica pequeña frente a países como Argentina y Brasil. Las estimaciones citadas sitúan la facturación anual del gaming paraguayo entre USD 2,5 millones y USD 3 millones, mientras que Argentina y Brasil manejan mercados de dimensiones muy superiores.
En ese escenario, trabajar para una producción internacional puede representar una vía profesional distinta a intentar sostener exclusivamente un estudio local basado en la venta de videojuegos propios.
No son caminos excluyentes. De hecho, pueden complementarse.
Del orgullo simbólico a la evidencia profesional

Hay una tentación bastante comprensible cuando aparece una noticia como esta: celebrar el nombre paraguayo y detenerse ahí.
Pero quizá el dato más interesante no sea que “una paraguaya trabajó en Minecraft”. Es que ese crédito puede leerse como una muestra tangible de que existen profesionales paraguayos capaces de integrarse a cadenas de producción globales.
La diferencia es importante. El orgullo puede ser el punto de partida, pero el valor periodístico está en lo que podemos comprobar. En este caso, existe un crédito oficial de Mojang Studios que ubica a Lia Aquino dentro del equipo de User Experience Designers de Minecraft.
Y existe, al mismo tiempo, un informe que documenta cientos de proyectos desarrollados en Paraguay durante la última década y muestra una escena que, aunque todavía pequeña en términos económicos, viene acumulando producción, experiencia y profesionales.
Ambos datos hablan de cosas diferentes, pero juntos permiten observar una transición. Paraguay ya no puede describirse únicamente como un lugar donde unas pocas personas intentan hacer videojuegos por pasión. Hay una comunidad productiva, estudios con años de experiencia, proyectos propios y profesionales que también pueden insertarse en equipos internacionales. El desafío está en que esas trayectorias individuales no queden aisladas.
Porque el nombre de Lia Aquino en los créditos de Minecraft es, por un lado, el reconocimiento a una profesional concreta. Pero también puede servir como recordatorio de algo que el informe de impacto económico intenta medir desde otro ángulo: la industria paraguaya no se construye solamente contando cuántos juegos se publican, sino también observando qué capacidades profesionales está generando y hasta dónde pueden llegar esas personas.
Ahí es donde un nombre perdido entre los créditos de uno de los videojuegos más grandes del mundo deja de ser solamente un dato curioso.
Se convierte en parte de una historia bastante más grande: la de una escena que todavía está buscando escala, estructura y oportunidades, pero que ya tiene profesionales capaces de trabajar donde se juega en las grandes ligas de la industria.
