
Highlights
– Una premisa fuerte que usa la identidad VTuber como núcleo narrativo, no como adorno.
– Un sistema sólido que funciona, pero evita exigir al jugador cuando debería tensar.
– Un thriller judicial que se queda a medio paso entre la sátira y el peso dramático.
Entré a The Real Face of a VTuber con una expectativa bastante concreta: un Phoenix Wright con VTubers. Y cuando uno ve esa mezcla, el prejuicio aparece rápido. Misterio judicial + subcultura de internet + estética anime suele ser una combinación peligrosa. O si se toma demasiado en serio, se vuelve un chiste largo.
Pensé que iba a ser más gimmick que juego.
Pues, The Real Face of a Vtuber no lo es. Pero, tampoco termina de animarse a ser todo lo que podría.
Un asesinato, una agencia y una identidad que vale demasiado

La premisa es clara desde el arranque: el CEO de una agencia VTuber aparece muerto, y vos sos el fiscal encargado de reconstruir qué pasó en una ventana horaria muy específica. Nada de crimen pasional improvisado. Esto es corporativo. Frío. Calculado.
Y en el centro de todo, Kuripa, la VTuber. La “cara real” que nadie puede ver, pero todos necesitan controlar.
Ahí el juego acierta fuerte: la identidad digital no es un detalle estético, es el núcleo del conflicto. Quién está detrás del avatar, quién toma decisiones, quién se beneficia y quién carga con las consecuencias. Todo eso se filtra en los interrogatorios, en los chats, en los silencios incómodos.
Cuando el sistema empieza a mostrarse

En lo jugable, The Real Face of a VTuber hace algo bien: no abruma. Te deja avanzar, interrogar, equivocarte un poco. Usar pruebas. Contradecir testimonios. Leer logs. Revisar mensajes.
Y de a poco entendés el loop: escuchás → dudás → buscás una grieta → mostrás evidencia.
Funciona. Es sólido. No revoluciona nada, pero está bien construido. Y el uso de redes, chats y material digital como evidencia le da una identidad propia dentro del género.
El problema es que el juego te perdona demasiado.
El juicio sin presión

Hay un punto donde algo debería hacer click… y no lo hace del todo. No porque esté mal diseñado, sino porque nunca te exige de verdad.
Podés cometer errores. Muchos. Y casi no pasa nada.
Eso le quita peso a los juicios. Le baja la tensión a momentos que deberían sentirse decisivos. Cuando todo es corregible, nada es realmente crítico. Y en un thriller judicial, eso es un problema.
El tono: cuando no sabe si reír o acusar

Otro punto donde el juego se queda a medio camino es el tono. Hay humor. Hay coqueteo. Hay momentos livianos. Y no está mal que estén. El problema es cuándo aparecen.
A veces el juego parece olvidarse de que está hablando de asesinato, manipulación y encubrimiento corporativo. El contraste no siempre suma. En algunos tramos desinfla escenas que pedían más peso y menos guiño.
El elenco ayuda… y cansa

Los personajes están bien escritos y, lo admito, son memorables. Tanto que terminé el juego y me acordaba de todos. Eso no pasa seguido.
Pero también son intensos. Mucho. Hay un agotamiento progresivo que no todos van a disfrutar. Y las múltiples rutas narrativas no ayudan: volver a leer largos bloques de texto para ver variaciones menores se siente más como fricción que como rejugabilidad real.
Lo estético sostiene la experiencia

Visualmente, cumple. Buen arte, buenos diseños, animaciones funcionales y una música que acompaña sin estorbar. El autoplay y el ajuste de velocidad son un gol: se siente cómodo de jugar, casi como ver una serie interactiva.
Eso sí, el sistema de registro de diálogos es flojo. Si te perdiste algo, mala suerte. Y los errores de traducción —o directamente textos sin localizar— rompen la inmersión más de lo que deberían.
Entonces… ¿qué es The Real Face of a VTuber?

Siendo justo y concreto, The Real Face of a Vtuber es un juego con una idea muy bien pensada, una premisa actual y una lectura interesante sobre la industria VTuber. Entiende el mundo que retrata. No lo usa de fondo. Lo problematiza.
Pero también es un juego que juega demasiado seguro. Que baja la dificultad cuando debería apretar. Que duda cuando debería decidir.
No es una mala experiencia. Para nada. Es una buena, que podría haber sido muy buena.
Y al terminarlo, me pasó algo claro: no pensé “quiero rejugarlo ya”, sino “ojalá el próximo sea más valiente”.
Con algunos ajustes de tono, dificultad y estructura, este equipo puede hacer algo realmente fuerte.
Acá, se quedaron a medio paso.

Agradecemos a Lilien Games y a PR Hound por facilitarnos una copia gratuita del juego, a través de PressEngine.
