
Highlights
Once años no es casualidad
En un país sin industria consolidada, con financiamiento escaso y un mercado interno en desarrollo, Warani Studios lleva más de una década produciendo juegos. Esa cifra es una declaración de existencia.
Del terror a la historia
Su catálogo atraviesa géneros: terror con Malavision, educativo con series escolares, FPS con Chaco War, carreras y colaboraciones internacionales. Una trayectoria que demuestra versatilidad y constancia.
Escuela, refugio, semillero
En un ecosistema pequeño, Warani se convirtió en algo más que una empresa. Fue el lugar donde muchos aprendieron, erraron, probaron y crecieron. Su legado trasciende sus propios juegos.
Warani Studios llega a su onceavo aniversario con una trayectoria que mezcla terror, educación, FPS, carreras y colaboraciones que cruzaron fronteras. Pero más allá de los títulos publicados —que son muchos y variados—, lo que vale la pena celebrar es otra cosa: el espacio que abrieron para que otros también puedan hacer juegos.
Porque cuando miramos el contexto —un país sin industria consolidada, con financiamiento escaso y un mercado interno que todavía está aprendiendo a consumir producción local—, la cifra adquiere otro peso. Once años no es solo un número. Es una declaración de existencia.
Porque en un ecosistema pequeño, cada estudio que se sostiene en el tiempo se convierte en algo más que una empresa. Se convierte en escuela, en refugio, en lugar de pruebas y errores. Y Warani, en estos 11 años, ha sido todo eso.
Los juegos como huella digital

Repasar el catálogo de Warani es recorrer una línea de tiempo que va del 2016 al presente, con paradas en Steam, Google Play, itch.io y hasta en consolas Sony. Porque sí, un estudio paraguayo logró que The Origin – Blind Maid llegara a PlayStation. Y eso, en 2021, no fue un golpe de suerte. Fue la confirmación de que el terror hecho acá podía competir en vidrieras globales.
The Origin es quizás su segundo título más conocido. Un juego de terror que encontró su público en Steam y después dio el salto a las consolas de Sony. No es un detalle menor: para cualquier estudio independiente, estar en una plataforma de ese nivel es cruzar un umbral. Y Warani lo cruzó con un juego que respira atmósfera, tensión y ese tipo de miedo que no necesita jumpscares baratos.
Pero antes de The Origin estuvo Malavision – The Beginning (2016), también terror, también en Steam, marcando el primer hito serio del estudio. Y después vinieron experimentos de todo tipo: Legion Z en móviles, SuperChicos como aventura gratuita, los educativos Descubriendo Ñeembucu y Chaco Rapére —este último de 2022—, y colaboraciones como The Lord of the Night – Pombero Reborn con Inside Studios, que además de ser un juego sobre una de las leyendas más potentes del folklore local, también logró llegar a las stores de Sony en España y Estados Unidos.
En el debe, proyectos que quedaron en el camino o que todavía están cocinándose. CW: Chaco War, un FPS multijugador ambientado en la guerra que dio nombre al juego, lleva años en desarrollo y promete ser una de las apuestas más ambiciosas del estudio. DarkDawn: The Chronicles of a Doll también está en esa lista de “en desarrollo”, con el terror como bandera. Y después hay demos, experimentos, juegos de carrera como ueno Skyrift: Aratiri que encontraron su hogar en itch.io y Play Store.
Once años, más de una docena de proyectos, y una certeza: Warani no para.
El espacio que no existía
Pero si nos quedamos solo en la lista de juegos, nos perdemos lo central. Lo que hace importante a Warani no es solo lo que publicó, sino lo que permitió que otros hicieran alrededor.
En un país donde durante mucho tiempo la idea de “hacer videojuegos” sonaba a hobby de unos pocos, tener un estudio con continuidad, con oficina, con convocatorias, con presencia en jams y eventos, generó un efecto que no siempre se mide en números: legitimó la actividad.
Cuando Warani se sienta en una mesa, cuando participa de una Global Game Jam, cuando abre sus puertas para charlas o para recibir pasantes, está diciendo algo que en otros países es obvio pero acá todavía necesita ser dicho: esto es un trabajo, esto es una industria, esto se puede hacer acá.
Y ese mensaje, repetido durante 11 años, caló. Hoy hay más estudios, más devs individuales, más proyectos que hace una década. No todo es gracias a Warani, claro, pero sería necio negar que su presencia constante ayudó a construir un piso sobre el cual otros pudieron pararse.
Las jams como semillero
Uno de los espacios donde Warani más se ha movido es el de las game jams. Esas maratones de desarrollo de 48 horas donde el objetivo no es la perfección, sino la exploración. Y en ese terreno, el estudio no solo participó: facilitó, convocó, compartió.
Quien haya estado en una jam apoyada por Warani sabe que ahí hay un espíritu que no se encuentra en otros lados.
En esas jams nacieron equipos, se formaron devs, se gestaron proyectos que después siguieron su propio camino. Y Warani estuvo ahí, no como dueño de nada, sino como facilitador de un proceso que excede a cualquier estudio individual.
El desafío de sostenerse

Once años también significan haber atravesado crisis. Cambios de mercado, plataformas que mueren, publishers que no responden, proyectos que no despegan. En un país sin fondos estatales para desarrollo de videojuegos, sin inversores locales acostumbrados a estos plazos, sin la red de contención que existe en otras latitudes, sostenerse es un acto de resistencia.
Warani lo hizo. Con aciertos y errores, con juegos que funcionaron y otros que quedaron como experimentos, con colaboraciones que expandieron horizontes y desarrollos propios que marcaron identidad. Y lo hizo sin dejar de lado esa vocación de compartir, de abrir puertas, de demostrar que acá también se puede.
El dato de que The Origin haya llegado a PlayStation no es solo un éxito comercial. Es una prueba para todos los que vienen: si ellos pudieron, quizás nosotros también. Y eso, en una escena chica, vale más que cualquier número de ventas.
Lo que viene (y lo que ya está)

Hoy Warani tiene al menos un plato fuerte en el horno. Posterior a la publicación de BrokenLore – Unfollow, DarkDawn: The Chronicles of a Doll se sostiene en el ambiente de suspenso y terror, que parece ser el género donde el estudio más cómodo se siente. Y aunque todavía no hay fecha concreta, los antecedentes invitan a pensar que el camino recorrido con The Origin servirá para afinar puntería.
Y después están los juegos más chicos, los educativos, los experimentales, los que aparecen en itch.io sin mucho ruido pero con la misma dedicación. Porque en Warani también aprendieron que no todo tiene que ser un hit. A veces, hacer un juego gratuito sobre el Ñeembucu o una carrera en el cielo es también una forma de construir cultura.
El aniversario como punto de partida
Once años no son pocos. Pero en el mundo del desarrollo, donde los estudios desaparecen al primer traspié, celebrar una década y un año es casi un milagro. Warani lo logró con constancia, con errores asumidos, con aciertos celebrados y con una política silenciosa pero constante de formación de nuevos talentos.
Por eso, cuando hablamos de la industria paraguaya de videojuegos, hablar de Warani no es solo mencionar a un estudio más. Es reconocer a un actor que estuvo desde antes de que muchos supiéramos que esto era posible, y que sigue estando hoy, con proyectos nuevos, con desafíos viejos y con la misma vocación de siempre: hacer juegos, y hacer que otros también puedan hacerlos.
Felices 11 años. Ojalá sean muchos más. Y ojalá los que vienen encuentren las puertas tan abiertas como las dejaron ustedes.
