
Highlights
Los episodios 7 y 8 nos muestran a heroes y villanos con profundidad y humanidad.
Las decisiones pesan donde deben: en la tensión emocional, no en los diálogos.
Un final extenso, intenso y visualmente impecable que cierra el círculo narrativo.
El miércoles 12 llegaron los episodios finales de Dispatch, y con ellos, una conclusión que confirma algo que muchos intuíamos desde su lanzamiento: esto no es Telltale. Los exalumnos del mítico estudio no buscaron replicar una fórmula; la desmantelaron para construir algo nuevo, más íntimo, más consciente de sus limitaciones y, sobre todo, más honesto con su narrativa.

Comparar Dispatch con The Wolf Among Us sería injusto. Mientras Telltale se sostenía sobre la ilusión de elección, Dispatch se atreve a jugar con esa ilusión de forma explícita, reconociendo que el libre albedrío es, en gran parte, una puesta en escena. Las decisiones aquí pesan no tanto en las ramas de la historia, sino en el momento a momento del “dispatching”: ese sistema que nos conecta emocionalmente con el caos del juego. Y es ahí donde AdHoc logra lo que parecía imposible: hacer que la acción y la narrativa respiren al mismo ritmo.

La sombra de Shroud y un cierre magistral
Shroud (Elliot), interpretado por Matt Mercer, es el alma del episodio final de Dispatch. Un villano con honor, palabra y carisma, que se roba cada escena con una presencia magnética. El enfrentamiento final de Robert – MechaMan (Aaron Paul) con Shroud, el clímax del episodio 8, condensa lo mejor del juego: ritmo, tensión y consecuencias que realmente se sienten. Opté por entregarle ambos pulsos —el astral y el protónico—, una decisión que, paradójicamente, selló su destino.

El regreso de Chase como Blazin’ (nombre dado a el según el arte conceptual) eleva la secuencia final a un cierre tan catártico como redondo.

El episodio 8, con casi 90 minutos de duración, es el más extenso y cinematográfico de todos. Si hay una segunda temporada, todo apunta a que el foco se desplazará del Equipo Z, aunque seguirán presentes como anclas emocionales del universo. En mi partida, decidí “absorber la energía vital” (ya saben. me entienden, no puedo decir la palabra “m” porque a Google no le gusta) de Shroud, una elección que se siente como la “ruta primaria” del juego: la más elaborada, la más natural, la que encaja narrativamente con la construcción de AdHoc.
Dos rutas, dos visiones del mismo corazón
Como casi todos los jugadores, terminé con dos partidas. Mi principal —Blonde Blazer, Phenomanaman y Sonar— es, probablemente, la más intencionada por los desarrolladores. Las interacciones se sienten más coherentes, los vínculos más orgánicos y las escenas más sólidas que en mi ruta alternativa con Invisigal, Coupe y Waterboy.

La relación entre Courtney y Robert, especialmente en la escena de los casilleros, marca el tono de un vínculo peligroso, casi adictivo. AdHoc entiende algo que pocos estudios comprenden: las relaciones en los videojuegos no siempre deben ser sanas, sino verosímiles. Esa tensión entre deseo y autodestrucción es lo que da textura emocional al relato. Pero también causa una variable: que si no es sano en la vida real, menos sano será aquí, donde una de las partes es (literalmente y al final de mi ruta con Courtney) una supervillana.

Ni GOTY, ni falta que hace
Dispatch probablemente no figure en la carrera de Game of the Year, y está bien. Su mérito no está en la escala, sino en la ejecución. Es una lección de cómo reinventar un género que muchos creían agotado. Donde Telltale apostaba al shock, AdHoc apuesta al silencio. Donde otros ofrecen espectáculo, Dispatch ofrece introspección.

Con más de 21.000 reseñas “abrumadoramente positivas” en Steam, el juego demuestra que el público todavía busca historias que lo escuchen. Dispatch no grita: susurra, y en ese susurro construye un espacio emocional que otros estudios solo simulan.
Puntuación final
4.4 de 5 estrellas.
Dispatch no redefine la narrativa interactiva, pero sí la madura. Es un título que se atreve a ser imperfecto, humano y profundamente emocional. Un cierre digno de una historia que comenzó como homenaje y terminó como declaración de independencia.
