
Highlights
Jugabilidad adictiva con dificultad exigente pero justa.
Visuales atractivos, buen humor negro y música destacada.
Le falta multijugador, pero sigue siendo un título altamente recomendable.
Diplomacy Is Not an Option es uno de esos RTS que, aunque aparentan ser sencillos a simple vista, tienen una profundidad estratégica que pueden hacerte perder la noción del tiempo por horas. Su propuesta combina la defensa de oleadas, el manejo de recursos, el establecimiento de bases y un humor negro que le otorga una identidad única. La conclusión: un título sorprendentemente pulido para su escala, que es adictivo y exigente.
Un ciclo de juego que atrapa

La jugabilidad es el corazón del juego, y aquí brilla con fuerza. Lo primero que se nota es lo bien ajustada que está la dificultad: necesita planificación, cálculo y adelanto, pero no comete golpes injustos. Las oleadas enemigas están diseñadas para mantenerte en tensión permanente, obligándote a expandirte y reforzarte al ritmo justo para sentirte desafiado sin caer en la frustración absoluta.
Dicho eso, el juego no es precisamente amable. Cuando subes la dificultad, se transforma en un torbellino medieval donde cualquier error cuesta caro. Las incursiones aleatorias pueden destrozarte en segundos si te distraes, y más de una vez vas a sentir el impulso de estrellar el teclado contra la mesa. Pero esa es parte de su encanto: superar una oleada que parecía imposible tiene un sabor especial.
Manejo de recursos: simple, aunque no superficial

La economía del juego se basa en tareas establecidas: recolectar comida, madera y materiales para luego cambiar a recursos más complejos. Es fácil de comprender, pero tiene la profundidad necesaria para generar presión constante. Lo que realmente lo vuelve desafiante es que todo requiere mucho dinero, desde las construcciones más simples hasta las más sofisticadas.
Un mundo medieval con mucha personalidad

Desde el punto de vista visual, Diplomacy Is Not an Option convence ampliamente. La animación es nítida, limpia y fácil de seguir, incluso cuando hay centenares de enemigos en la pantalla al mismo tiempo. Su estilo caricaturesco se ajusta perfectamente al tono sarcástico del juego.
La banda sonora también es sorprendente. Además, la velocidad con la que obtienes recursos resulta deliberadamente lenta. Esto necesita tomar decisiones sobre los aspectos que se tienen que priorizar y cuándo expandirse, lo que agrega un nivel estratégico muy interesante. No es un RTS de spam masivo: cada unidad y cada pared aquí tienen mucho valor.
Combina melodías medievales con piezas roqueras que elevan la adrenalina en los momentos clave. Es de esos juegos donde la música realmente “acompaña” la acción y crea atmósfera sin distraer.
Un RTS con identidad propia

Las misiones y los enemigos ofrecen buena variedad, lo que evita la monotonía incluso en partidas largas. Hay cuatro facciones jugables, aunque en la práctica solo dos se sienten realmente distintas. Las otras dos funcionan más como variaciones menores, un detalle que deja ganas de algo más.
El árbol de tecnologías es sólido y aporta profundidad táctica. El único problema es que suele haber un “orden óptimo” de investigación, lo que reduce la sensación de libertad y experimentación. Aun así, la progresión se siente satisfactoria y da un propósito claro a cada partida.
Las unidades también están bien equilibradas: todas cumplen un rol útil y se complementan de forma natural. No hay tropas de relleno, y eso se agradece.
La ausencia que se siente: multijugador

Si el juego tiene una gran deuda, es esta: no tiene multijugador. Un modo cooperativo o competitivo lo convertiría en un fenómeno mucho mayor, especialmente teniendo en cuenta el enfoque de oleadas y supervivencia. La base está ahí, el ritmo está ahí, el potencial está ahí; falta un modo para compartir el caos con amigos.
¿Vale la pena?
Completamente. Diplomacy Is Not an Option es divertido, adictivo y desafiante. Ofrece una experiencia que combina estrategia clásica con ideas modernas y un humor negro irresistible. Eso sí: si tenés trabajo, estudios o pendientes… cuidado. Este juego vicia fuerte. Muy fuerte.
