
Highlights
– Los espacios publicitarios de los Game Awards valen cientos de miles de dólares.
– Geoff Keighley sí puede “regalar” slots, pero eso implica poder editorial real.
– El último anuncio no es un favor: es agenda, influencia y narrativa.
Decir que Geoff Keighley regaló el último espacio publicitario de los Game Awards porque “le gustaba el juego” suena bien. Demasiado bien. Y cuando una historia entra tan fácil, conviene frenar y mirar los bordes.
El reporte es de Paul Tassi (Forbes) que sostiene lo siguiente: Highguard no pagó nada por ese slot premium. Según el propio Tassi, “dos fuentes por separado” le confirmaron que el juego no tuvo que desembolsar un dólar, y que la decisión fue voluntaria: Geoff simplemente quería darle ese espacio. Incluso se menciona, con la boca chica, que otro juego podría haberse bajado a último momento. Nada confirmado. Todo prolijamente conveniente.
Y de entrada digo: esto nunca puede ser verdad, al menos no como se lo está contando.
Lo que cuesta ese espacio (y por qué importa)
No estamos hablando de un banner perdido ni de un trailer a mitad del show. Es el último anuncio. El que queda flotando cuando se apagan las luces.
Los números son públicos. Un anuncio de 60 segundos en los Game Awards 2025 rondaba los USD 450.000, y los tráilers más largos superaban tranquilamente el millón de dólares, según Kotaku. Es el slot más caro, más visto y más deseado del evento.
Ese espacio no es solo dinero: es influencia. Es instalar una idea en millones de cabezas al mismo tiempo. Y eso no se regala así nomás, ni siquiera en nombre del amor al gaming.
Sí, existen anuncios “gratis”… pero no son inocentes
Ahora bien, Kotaku también aclara algo clave: hay anuncios que no pagan. Y más aún, señala que el propio Keighley “selecciona plazas libres para lo que él personalmente quiere defender”.
Eso cambia un poco la narrativa. Porque ya no hablamos de publicidad, sino de curaduría. De alguien que no solo produce el show, sino que decide qué merece visibilidad global.
Y ojo: no digo que eso esté mal. Solo digo que no es un gesto romántico, es una decisión editorial con impacto comercial real.
El problema no es el “qué”, es el “a quién”

Si ese espacio se usara para un indie chico, un proyecto AA sin espalda financiera o una propuesta que no tiene otra forma de llegar al público, la historia sería otra. Discutible, pero entendible.
El problema es que hablamos de Highguard. Un juego que muchos ya auguran que se cae a la primera semana. No es invisible. No es una joya escondida. No es David contra Goliat.
Entonces la pregunta no es si Geoff puede regalar espacios. Puede. Está documentado.
La pregunta es por qué elegiría este.
El costo de oportunidad es absurdo
Regalar ese slot no implica solo perder dinero. Implica renunciar a otra narrativa, a otro acuerdo, a otra prioridad. En un evento que factura millones, el costo de oportunidad es gigantesco.
Por eso la incredulidad de los foros no es paranoia: es lectura básica del negocio. Algo no cierra.
Tal vez hubo un juego que se bajó. Tal vez hubo un acuerdo cruzado. Tal vez el “gratis” no fue tan gratis.
Nada es casual en los Game Awards

Lo único claro es que la versión edulcorada no alcanza. En los Game Awards nada pasa porque sí, y mucho menos el último anuncio.
Cuando el relato es demasiado limpio, suele ser porque alguien está escondiendo el polvo debajo de la alfombra.
Y en este caso, la alfombra es carísima.
