
Hubo un tiempo en que jugaba a juegos de historias interactivas, de esas donde abundan más los textos que los gráficos. Me topé con opciones intrigantes como “Madrid Zombi”, así como una peculiar visual novel de zombies para chicas llamada “Havenless”, que demuestra que el amor en el apocalipsis es posible.
Habré jugado más, pero de esas son las que más me acuerdo por tener historias que realmente impactaron. No obstante, tras probar varias opciones, me surgió esta duda: ¿en verdad podemos elegir nuestra historia? ¿O solo es una ilusión para darnos un cierto aire de control?
Porque, aunque vea las opciones de diálogos (que, válgame decir, las mejores son las que hay que pagar), hay pocas variaciones en la línea argumental. Quizás en “Havenless” consigas experimentar con diferentes finales, ya que cada personaje posee su propia ruta que puede determinar el destino de la protagonista.
De igual modo, aunque muchas de estas historias interactivas terminan siguiendo una misma línea argumental, es emocionante pensar que podemos cambiar nuestro destino. Solo imagínense las posibilidades, por tomar diferentes rutas, podemos incluso encontrar al “amor de nuestras vidas” en tiempos de conflictos.
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