
Highlights
– La Global Game Jam Paraguay 2025 comenzó el 30 de enero con sedes presenciales y modalidad virtual.
– La temática “Máscaras” impulsa propuestas creativas ligadas a identidad, ocultamiento y narrativa experimental.
– El evento consolida a Paraguay como parte activa de la red global de desarrollo de videojuegos y refuerza la comunidad local.
Arrancó la Global Game Jam Paraguay 2026 y, como suele pasar cuando la creatividad se junta con plazos imposibles, el movimiento se sintió fuerte desde el minuto uno. Ayer, 30 de enero, comenzó oficialmente una nueva edición del evento de creación de videojuegos más grande del planeta, con una participación destacada en Asunción, Ciudad del Este y también de manera virtual, a través del Discord de IGDA Paraguay.
No es un detalle menor: la GGJ no solo convoca gente, convoca energía. Programadores, artistas, diseñadores, músicos, narradores y curiosos se sientan en la misma mesa con una consigna clara y un reloj que no perdona. Este año, la temática elegida fue “Máscaras”, un concepto tan abierto como incómodo, ideal para disparar lecturas sociales, mecánicas experimentales y narrativas que juegan con la identidad, lo oculto y lo que mostramos —o decidimos no mostrar— al mundo.
Desde ese momento, los equipos tienen 48 horas para transformar una idea cruda en un videojuego funcional. No en un prototipo lindo para mostrar después, sino en algo que se pueda jugar. Con errores, con soluciones creativas, con atajos ingeniosos. Pero jugable.
Mucho más que una maratón de 48 horas
Reducir la Global Game Jam a una “jam de fin de semana” es quedarse corto. Muy corto. A nivel global, la GGJ se consolidó como una plataforma de entrada real a la industria del desarrollo de videojuegos. No hablamos solo de aprendizaje técnico: hablamos de contactos, de experiencia colaborativa, de entender cómo se trabaja bajo presión y, sobre todo, de perderle el miedo a mostrar lo que hacés.
A lo largo de los años, cientos de miles de desarrolladores dieron sus primeros pasos en este espacio. Algunos terminaron fundando estudios, otros se integraron a equipos internacionales, otros encontraron en la jam una vocación que no sabían que tenían. No es épica romántica: es estadística.
Solo en enero de 2025, la GGJ reunió a más de 35.000 personas en 803 sedes distribuidas en 97 países, que lograron crear alrededor de 12.000 juegos en apenas 48 horas, bajo la consigna “Bubble!”. El nivel de satisfacción no baja del 90% año tras año, y más del 99% de quienes participaron en 2025 afirmaron que volverían a hacerlo. En términos acumulados, la Global Game Jam ya supera los 485.000 participantes y los 100.000 juegos creados desde su fundación.
Nada de eso es casualidad.
Paraguay en el mapa (otra vez)

En ese contexto, la edición paraguaya no es un apéndice, sino parte activa de una red global que funciona en simultáneo. Mientras en otros países alguien estaba programando de madrugada, acá también había teclados sonando, pizarras llenándose de ideas y debates eternos sobre si una mecánica “funciona” o solo es buena en teoría.
La presencia en Asunción y Ciudad del Este, sumada a la modalidad híbrida, permitió ampliar el alcance del evento. No todos pueden trasladarse, no todos tienen el mismo acceso a espacios físicos, y la GGJ lo entiende. Por eso el Discord se volvió una tercera sede no oficial, pero igual de viva.
Además, esta edición cuenta con un respaldo institucional y privado que no pasa desapercibido. El evento tiene el apoyo del Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP), la Dirección de Cultura y Turismo de la Municipalidad de Asunción, el Centro Cultural Manzana de la Rivera, y empresas del sector como Snowhorse Games, Roshka Studios, VJS Media y 20XX Gaming News. Esa mezcla —Estado, cultura y sector privado— no es frecuente, y cuando ocurre, conviene prestarle atención.
No es competencia, es comunidad
Uno de los puntos que más diferencia a la Global Game Jam de otros eventos similares es su filosofía. Acá no hay premios, no hay rankings, no hay ganadores oficiales. Y lejos de ser una debilidad, es una de sus mayores fortalezas.
La GGJ promueve la colaboración por sobre la competencia, la experimentación por sobre el resultado perfecto. Nadie te va a decir que tu juego “perdió”, pero sí vas a escuchar feedback honesto, sugerencias técnicas y miradas externas que difícilmente encuentres trabajando solo.
Cualquiera puede organizar una sede, siempre que cumpla algunas reglas básicas: tener un organizador comprometido, un espacio con acceso a internet y ganas de sostener la experiencia. Ese modelo descentralizado es clave para que el evento se replique año tras año, incluso en países donde la industria todavía está en construcción.
Y Paraguay, hay que decirlo, sigue en esa etapa: creciendo, probando, equivocándose y volviendo a intentar.
“Máscaras” como excusa (y espejo)
La temática de este año no podría haber sido más pertinente. “Máscaras” funciona como concepto lúdico, pero también como disparador cultural. ¿Qué escondemos? ¿Qué mostramos? ¿Qué rol jugamos frente a otros? En videojuegos, eso se puede traducir en mecánicas de sigilo, cambios de identidad, roles múltiples, dobles lecturas narrativas o incluso críticas sociales bastante directas.
Durante las primeras horas de la jam, ya se podían ver equipos discutiendo cómo llevar esa idea a algo interactivo sin caer en lo obvio. Y ahí está, probablemente, el verdadero valor del evento: obligarte a pensar rápido, pero también a pensar mejor.
Mirando hacia adelante

La Global Game Jam Paraguay 2026 recién empieza, pero el impacto no se mide solo al final del domingo, cuando los juegos se suban y se compartan. Se mide en las conexiones que quedan, en los equipos que deciden seguir trabajando después, en la gente que se anima por primera vez y descubre que sí, que puede hacer un juego.
En un país donde la industria del videojuego todavía pelea por visibilidad, eventos como este no son un lujo: son una necesidad. No forman profesionales de un día para otro, pero sí construyen algo mucho más difícil de lograr: comunidad.
Y cuando hay comunidad, el resto —tarde o temprano— termina llegando.
