
Highlights
– Combate sin HP: derrotas enemigos igualando números.
– Sistema profundo de cartas, dados y variables dinámicas.
– Tres actos, jefes únicos y alta rejugabilidad.
Talystro arranca con una idea simple y, casi sin avisar, te engancha el cerebro. A primera vista parece otro roguelite de cartas, pero en cuanto jugás un par de turnos entendés que va por otro lado. Acá no se trata de bajar puntos de vida ni de hacer números grandes por espectáculo. Se trata de acertar. Pensar. Resolver.
El combate gira alrededor de igualar valores numéricos exactos. Cada enemigo es un número, y solo cae cuando llegás justo a ese resultado. Ni más ni menos. Las cartas no te dan el número final servido: te dan operaciones a medio camino. Los dados entran en juego para completar la cuenta. Si errás el cálculo, el enemigo sigue ahí. Así de directo.
El protagonista es el Math Mouse, un héroe tan improbable como efectivo, enfrentado al Necrodicer, responsable de un ritual prohibido que convirtió al mundo en una especie de pesadilla matemática. La excusa narrativa cumple su función, pero el peso real está en lo que pasa turno a turno.
Pensar antes de jugar

Cada combate es un pequeño rompecabezas en movimiento. Los enemigos aparecen en grupo, todos con valores distintos, y el desafío no es solo eliminarlos, sino decidir en qué orden hacerlo. Un número mal resuelto puede arruinar toda la secuencia siguiente.
Talystro no castiga por reflejos lentos ni por falta de cartas raras. Castiga por pensar mal. Y eso lo vuelve extrañamente satisfactorio. Cuando una jugada sale bien, no sentís que ganaste por azar, sino porque leíste correctamente el tablero.
Cartas que no se comportan igual dos veces

El mazo es el centro de todo. Las cartas pueden mejorarse, encantarse y modificarse, pero lo interesante es que su comportamiento cambia según el contexto. La cantidad de dados disponibles, los modificadores activos y el orden en que jugás cada carta alteran completamente el resultado.
Eso hace que ninguna partida se sienta igual a la anterior. Incluso una carta conocida puede sorprenderte si la usás en otro momento o bajo otras condiciones. Hay espacio para experimentar, equivocarse y ajustar la estrategia sobre la marcha.
Entre combates, decisiones

La estructura es la clásica del género: combates, tienda, mejoras, avanzar. Pero funciona porque nunca se siente automática. En la tienda podés:
- mejorar cartas
- potenciar dados
- comprar artefactos
- o simplemente curarte
Nada sobra y nada está ahí por cumplir.
Los módulos aleatorios obligan a adaptarse. No siempre vas a tener el mazo ideal, y Talystro parece cómodo con esa idea: jugar bien con lo que hay, no con lo que te gustaría tener.
Un roguelite que confía en el jugador

Dividido en tres actos, cada uno con su jefe, el juego suma modificadores de dificultad tipo ascensión para quienes quieran ir más lejos. El hardware no es una barrera: corre en prácticamente cualquier PC moderna, con requisitos mínimos y sin pedir nada extravagante.
Talystro no necesita fuegos artificiales ni sistemas enredados para destacar. Su mayor virtud es confiar en que el jugador va a disfrutar pensando, calculando y ajustando decisiones. Y en un género saturado de números gigantes y automatismos, eso ya es decir bastante.
