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La industria canadiense duplicó su tamaño en nueve años. De 775 a 1.628 estudios, impulsando ingresos de 2.000 a 7.000 millones.
El 97% de los estudios son canadienses y pequeños. Pero las empresas extranjeras generan más ingresos totales.
Sindicalización al alza en medio de despidos y cierres. Un nuevo equilibrio laboral comienza a redefinir el futuro del sector.
La industria canadiense de videojuegos vivió un salto sin precedentes entre 2013 y 2022. Según un informe oficial de Statistics Canada, el país pasó de 775 compañías activas a un total de 1.628 estudios: más del doble en menos de diez años. El crecimiento no fue solo en cantidad: los ingresos del sector subieron de 2.000 millones de dólares a 7.000 millones, impulsando al país a consolidarse como uno de los polos creativos más relevantes del hemisferio norte.
Este dinamismo tuvo una consecuencia inmediata: la fuerza laboral se expandió con igual intensidad. En 2022, casi 60.000 personas trabajaban en el desarrollo de videojuegos en Canadá, un aumento del 116% respecto a la década anterior. Ontario emergió como el territorio más activo con 638 estudios, seguido por British Columbia (426) y Quebec (338), delineando un triángulo productivo que sostiene la mayor parte del ecosistema.
El dominio de los estudios pequeños
Una característica clave del crecimiento canadiense es su base de pymes creativas. El 97,4% de los estudios activos en 2022 eran de propiedad canadiense y, dentro de ese universo, el 77,5% contaba con menos de cinco empleados. Pequeños equipos, alto nivel de especialización y una apuesta sostenida a la innovación definieron la década.
Sin embargo, el mismo informe señala una paradoja: las compañías extranjeras —aunque mucho menos numerosas— siguen generando más ingresos. Solo en 2022, los estudios de propiedad foránea produjeron 4.000 millones de dólares, frente a los 3.000 millones generados por empresas canadienses. Su tamaño promedio, más grande y con operaciones consolidadas, inclina la balanza.
Inclusión: avances reales, desafíos pendientes

El reporte también visibiliza una transformación social dentro de la industria. El 24,5% de los trabajadores en 2021 fueron mujeres, un crecimiento relevante respecto al 17,8% registrado en 2013. Aun así, la brecha salarial se mantiene: la participación de las mujeres en la masa salarial total subió de 14,4% a 20%, pero crece más lento que su incorporación al mercado.
La tendencia sugiere que muchas profesionales ingresan a posiciones junior, lo que retrasa el impacto en la distribución salarial. El desafío está claro: el avance existe, pero falta convertir presencia en poder económico.
Un ecosistema estable… hasta que dejó de serlo
Durante años, Canadá fue considerado un ecosistema de estudios “resiliente”. Las tasas de cierre de empresas —analizadas entre 2014 y 2021— se mantuvieron muy por debajo del promedio de otras industrias privadas. Los proyectos abrían más de lo que cerraban, y la cadena de valor parecía estable.
La realidad reciente, sin embargo, comenzó a contradecir esa percepción. Entre 2023 y 2024 se multiplicaron los despidos y cierres, incluso en compañías históricas. Ubisoft Montreal redujo personal; Sumo Group recortó el 15% de su plantilla global (incluyendo Canadá); Hothead Games cerró tras dos décadas; y Atomhawk bajó la persiana de su filial canadiense después de ocho años de operaciones.
Sindicalización: otro capítulo decisivo
No todo es retroceso. También se consolidaron movimientos laborales sin precedentes. En junio, Ubisoft Halifax inició un proceso formal de sindicalización. En marzo se creó United Videogame Workers–CWA, el primer sindicato transnacional del sector entre Canadá y Estados Unidos. Y en Quebec, trabajadores del sector avanzaron con la CSN para promover organizaciones sindicales dentro de grandes estudios.
La industria canadiense se encuentra, así, en un punto de inflexión: crecimiento sostenido, tensiones internas, lucha laboral emergente y un mercado global que ya no perdona estructuras frágiles. El próximo salto dependerá de cómo responda a esta nueva etapa.
