
Highlights
– Caminar y respirar como mecánicas centrales, simples y originales.
– Plataformeo tenso donde lo cotidiano se vuelve peligroso.
– Rutas opcionales que amplían la narrativa y desbloquean un final secreto.
¿Quién dijo que la tata necesita ayuda? Ultimate Grandma Simulator arranca con una premisa simple y absurda, pero con encanto: cuidar a una abuela mientras sale de su casa para encontrar a su nieto, Tommy. El detalle es que caminar ya es una hazaña, y cualquier empujón mal calculado puede mandarte directo al piso.
Lejos de ser un chiste de cinco minutos, el juego construye toda su identidad alrededor de esa fragilidad. No sos un héroe ágil ni un avatar todopoderoso: sos alguien intentando que una abuela dé un paso más sin desmayarse.
Caminar como mecánica principal

Acá no hay saltos dobles ni parkour. Cada paso se controla de forma independiente: una tecla para cada pie, otra para respirar. Literalmente. Tenés dos barras que vigilar todo el tiempo: energía y respiración.
¿Te olvidaste de respirar? Mareo. ¿Gastaste demasiada energía de golpe? Desmayo. ¿Apretaste mal una tecla? Hay tabla.
La idea es clara y funciona: el juego te obliga a bajar un cambio. Pensar cada movimiento, sincronizar acciones y entender que avanzar rápido casi siempre termina mal. Es Getting Over It pero con ternura… y problemas de presión arterial.
Una ciudad demasiado grande para una abuela

Los escenarios son variados y muy bien aprovechados: ciudad, escuela primaria, zonas en construcción y otros lugares que, honestamente, no están pensados para una señora mayor.
Lo cotidiano se vuelve amenaza. Aspiradoras, frisbees, ciclistas y corredores pasan de fondo… y de repente son obstáculos mortales. Todo se mueve, todo empuja, todo interrumpe tu frágil equilibrio.
Por suerte, el juego incorpora checkpoints suaves donde podés recuperar el aliento. Fallar no te castiga con crueldad, pero sí te recuerda que cada error fue tuyo.
Tommy siempre va un paso adelante
Narrativamente, el nieto funciona como motor del progreso. Tommy te lleva a lugares cada vez más absurdos y peligrosos: escuelas con posibles brotes zombis, bolas de demolición, plataformas que se caen, hasta personal militar y misiles.
En el camino se suman nuevas mecánicas, como el parry con click izquierdo para desviar objetos. Lo interesante es que el juego no olvida lo aprendido: enemigos y obstáculos anteriores vuelven, obligándote a retener y combinar todo lo que ya dominás… o creías dominar.
El camino difícil también cuenta una historia

Para quienes buscan más desafío, existen rutas alternativas mucho más complicadas. En ellas podés recolectar monedas doradas especiales que desbloquean recuerdos del pasado de la abuela.
Juntarlas todas no solo eleva la dificultad: reconstruye su memoria y desbloquea un final secreto. Es un incentivo narrativo bien integrado, donde el desafío extra no es solo para completistas, sino para quienes quieran entender realmente quién es esta abuela y por qué sigue avanzando.
Lo que podría haber sido una idea meme termina siendo una experiencia sorprendentemente coherente. El juego entiende su límite, no se estira de más y exprime al máximo una mecánica incómoda a propósito.
Es torpe, sí. Pero esa torpeza es el mensaje.
Este no es un juego para speedrunners ni para quienes buscan control perfecto. Es para jugadores con paciencia, sentido del humor y ganas de probar algo distinto.
Porque a veces, avanzar lento también es avanzar. Y en este juego, cada paso importa.
