
Highlights
▶ Crítica pública y despido inmediato
Ubisoft despidió a un team lead senior días después de suspenderlo por cuestionar en LinkedIn su política de regreso obligatorio a la oficina.
▶ RTO, lealtad y límites difusos
La empresa apeló al “deber de lealtad” y su código de conducta, sin detallar qué norma concreta fue violada, alimentando la polémica.
▶ Un caso que excede a Ubisoft
El episodio reabre el debate sobre trabajo remoto, retención de talento senior y el verdadero impacto del RTO en la industria del videojuego.
Ubisoft despidió al team lead de su estudio en Montréal, David Michaud-Cromp, menos de una semana después de haberlo suspendido sin goce de sueldo por comentar públicamente la nueva política de regreso obligatorio a la oficina (Return to Office, RTO). La confirmación llegó el 2 de febrero de 2026, cerrando un episodio que ya había escalado más allá de una discusión interna y que ahora se transforma en un caso testigo para toda la industria.
En una breve publicación en LinkedIn, Michaud-Cromp confirmó su desvinculación “con efecto inmediato”, sin brindar detalles adicionales sobre los motivos específicos de la decisión.
“No fue mi decisión. No discutiré detalles internos ni circunstancias”, escribió.
“Me tomaré un tiempo para reagruparme y compartiré los próximos pasos cuando sea apropiado”.
El mensaje fue escueto, medido y deliberadamente prudente. Lo suficiente para informar, no lo suficiente para cerrar el debate.

De la suspensión al despido: una escalada rápida
El despido se produce pocos días después de que Ubisoft suspendiera al desarrollador por tres días sin paga, alegando un presunto incumplimiento del llamado “deber de lealtad”. Según su perfil profesional, Michaud-Cromp llevaba más de 13 años trabajando en Ubisoft, un dato nada menor en una industria marcada por la rotación constante y la precarización estructural.
En ese momento, el propio desarrollador había explicado que la medida disciplinaria estaba directamente relacionada con comentarios públicos sobre la política de regreso obligatorio a la oficina, recientemente anunciada por la compañía.
“La medida me fue presentada como relacionada a comentarios públicos que expresé sobre la política de regreso a la oficina, basada en un supuesto incumplimiento del deber de lealtad”, señaló entonces.
“Comparto esta información por transparencia”.
La transparencia, paradójicamente, parece haber sido el detonante final.
El post que incomodó a Ubisoft
Días antes de la suspensión, Michaud-Cromp había publicado en LinkedIn un mensaje crítico —aunque lejos de ser incendiario— sobre la decisión de Ubisoft de exigir cinco días presenciales por semana.
“Ubisoft quiere volver a cinco días en la oficina porque ‘cree en la colaboración’… pero vamos, no somos completamente estúpidos… todos sabemos por qué quieren que volvamos cinco días”.
El post incluía un enlace a un video titulado “Why Companies Force People Back In The Office”, donde se plantea que muchas políticas RTO responden menos a la productividad real y más a la necesidad de justificar inversiones inmobiliarias y decisiones corporativas previas.
Nada especialmente radical. Nada que no se esté discutiendo abiertamente en LinkedIn, foros profesionales y medios especializados desde hace al menos dos años.
La versión oficial: código de conducta y límites difusos
Tras el despido, un vocero de Ubisoft envió un comunicado a Game Developer con una aclaración clave:
“Compartir opiniones o feedback de forma respetuosa no conduce a un despido. Contamos con un Código de Conducta claro que establece expectativas compartidas para trabajar de manera segura y respetuosa. Cuando este código se vulnera, se aplican nuestros procedimientos, incluyendo medidas escalonadas según la naturaleza, severidad y repetición de la falta”.
El problema es que el comunicado no especifica qué norma concreta fue violada, ni por qué una suspensión inicial derivó en un despido en cuestión de días. Ese vacío informativo es, precisamente, lo que alimenta la polémica.
El contexto que Ubisoft prefiere no destacar
La política RTO no llegó sola. Fue anunciada junto a un plan de reestructuración profundo, que incluye recortes de costos, cancelación de proyectos y cierres de estudios. Ubisoft planea reorganizar su estructura global en torno a cinco “Creative Houses”, una movida que busca eficiencia, pero que también implica concentración de poder y reducción de autonomía local.
En ese marco, el discurso de “más colaboración” suena, como mínimo, incompleto.
“No estoy en contra del RTO, pero…”
En declaraciones posteriores a Game Developer, Michaud-Cromp fue claro: no se opone al trabajo presencial en principio. Reconoce su utilidad en revisiones, entrenamientos o sesiones de brainstorming. El problema, sostiene, es cómo y cuándo se imponen estas políticas.
Su crítica apunta a tres ejes: timing, transparencia y contexto.
Muchos empleados —explica— tomaron decisiones de vida basadas en esquemas remotos o híbridos: mudanzas, compras de vivienda, organización familiar. Algunos incluso fueron contratados bajo esas condiciones, viviendo en ciudades distintas a las de sus oficinas asignadas.
Cuando esas reglas cambian de forma abrupta, el costo no es abstracto: es económico, emocional y profesional.
El riesgo silencioso: perder a los seniors
Michaud-Cromp también advierte sobre un patrón que se repite en estos procesos: los primeros en irse suelen ser los desarrolladores senior.
“Tienen mayor estabilidad financiera y mejores perspectivas de reempleo”, explica.
“Cuando se van, los equipos pierden experiencia e institucionalidad muy rápido”.
No es una amenaza. Es una observación empírica. Y una que debería preocupar a cualquier estudio que dependa de conocimiento acumulado para sostener proyectos complejos.
Un debate que Ubisoft no podrá cerrar con un despido
El caso ya trascendió a Ubisoft. Representantes sindicales de la compañía han pedido la renuncia del CEO Yves Guillemot, y el debate sobre RTO vuelve a instalarse con fuerza en una industria creativa que, durante la pandemia, demostró que podía funcionar —y producir— de otra manera.
Despedir a un referente no apaga la discusión. La amplifica.
Porque el fondo del asunto no es un post en LinkedIn. Es una pregunta incómoda que sigue sin respuesta clara:
¿el regreso obligatorio a la oficina es una decisión creativa… o una corrección contable disfrazada de cultura corporativa?
