
Highlights
▶ Cinco casas creativas independientes
Ubisoft fragmenta su estructura en unidades enfocadas en franquicias específicas como parte de su nuevo modelo organizativo.
▶ Mercado reacciona con cautela
Tras el anuncio, las acciones de la compañía registraron una caída inmediata.
▶ Debate sobre el “crecimiento sostenible”
Analistas del sector cuestionan si el discurso oficial encubre un plan de ajuste orientado a estabilizar la compañía.
Cuando Ubisoft anunció el 21 de enero una profunda reorganización de su estructura corporativa, el mensaje oficial fue claro: “crear las condiciones para un retorno al crecimiento sostenible a largo plazo”. La fórmula, acuñada por el CEO Yves Guillemot, incluía la cancelación de varios juegos, despidos y la promesa de más recortes de costes. Pero también, y quizás más importante, la fragmentación del gigante francés en cinco “casas creativas” independientes, cada una albergando franquicias específicas.
La reacción del mercado fue inmediata: las acciones de Ubisoft cayeron. Y entre analistas y consultores de la industria, la pregunta que sobrevuela es si “crecimiento sostenible” es algo más que un eufemismo corporativo para maquillar lo que realmente está ocurriendo.
El espejismo del crecimiento sostenible
“Sostenible es definitivamente una palabra de moda que se usa ampliamente y puede significar muchas cosas dependiendo de la empresa”, explica David Cole, fundador de DFC Intelligence, a Game Developer. “Pero en la industria del videojuego actual, refleja un cambio estructural real en la forma en que operan los grandes editores”.
Michael Futter, consultor de videojuegos en F-Squared, es más directo. “Las empresas públicas, especialmente en nuestra industria, han priorizado drásticamente a los accionistas por encima de otros grupos de interés. La sostenibilidad rara vez es alcanzable. La economía está hecha un desastre y estas compañías siguen hablando de sostener el crecimiento en lugar de sostener su negocio. Son dos cosas diferentes”.
La distinción no es menor. Mientras el discurso corporativo insiste en la expansión continua, los números y las estructuras cuentan otra historia. Una historia de recortes, plazos cada vez más largos y presupuestos de producción que se disparan sin garantía de retorno.
Un Ubisoft empaquetado para la venta
La nueva estructura de “casas creativas” no es solo una cuestión de organización interna. Para Joost van Dreunen, inversor y profesor de la Universidad de Nueva York, la jugada tiene una lectura más estratégica. “Básicamente, están preempaquetando Ubisoft para la venta. Al crear divisiones autónomas con cuentas de resultados claras, facilitan que los compradores puedan elegir las partes valiosas —como los equipos de Rainbow Six o Assassin’s Creed— sin absorber a los 17.000 empleados”.
Amanda Farough, cofundadora de F-Square y consultora de videojuegos, coincide. “La necesidad de dinero de Tencent explica por qué Ubisoft optó por fragmentar su negocio. Escindir algunas de las IP más valiosas fue una forma enrevesada de tener la torta y comérsela también”.
Van Dreunen anticipa un escenario concreto: “Primero, desinversiones selectivas. Luego, privatización total por parte de la familia Guillemot o adquisición por un comprador estratégico que pueda absorber las divisiones rentables. La cuestión es si esto ocurre antes o después de que otro tropiezo los fuerce a mover ficha. Tanto si Tencent compra Rainbow Six como si Sony se queda con Assassin’s Creed, la escena independiente de Europa y Norteamérica se beneficiará de un éxodo de talento senior”.
Ubisoft no ha negado la posibilidad de vender alguna de sus nuevas casas creativas. En una reunión interna filtrada por Insider Gaming, el CFO Frederik Duguet admitió que, aunque la desinversión no es la “primera ruta”, si en algunos años una casa no fuera rentable, el equipo ejecutivo “analizaría la causa raíz”. Y añadió: “Si encontramos un socio poderoso y motivado, con una visión a largo plazo compartida y una inyección de efectivo importante, es algo a considerar”.
El modelo modular: ¿solución o parche?

David Cole sitúa la medida en un contexto más amplio. “Ubisoft ha sido históricamente uno de los editores con mayor peso en desarrollo de la industria, con una enorme red de estudios internos y miles de empleados dedicados a la producción continua. Pero los presupuestos de producción son ahora masivos y los plazos no dejan de alargarse. Esa escala puede ser una fortaleza creativa, pero también genera costes fijos significativos y complejidad operativa cuando el pipeline de lanzamientos se ralentiza o los proyectos se retrasan”.
El analista espera que la industria se mueva hacia un modelo de producción más cercano al cine y la televisión, donde los equipos se ensamblan proyecto a proyecto. Las casas creativas de Ubisoft, aunque internas, apuntan en esa dirección: grupos más estrictamente centrados en franquicias específicas, con la posibilidad de que terceros como Tencent inviertan en unas sin tocar las otras.
Matthew Ball, inversor y CEO de Epyllion, lo resume en términos de béisbol: “La mayoría de los grandes editores han visto disminuir sus promedios de bateo. Cada vez menos juegos son éxitos. El término ‘tentpole’ viene de Hollywood: un estudio lanza una docena de títulos, algunos pierden dinero, otros ganan algo pero no suficiente, y uno o dos sostienen toda la carpa. Hoy, demasiados títulos están en los dos primeros grupos, y las pérdidas son demasiado grandes para que los ganadores sostengan la estructura”.
El coste humano de la reestructuración
Mientras los analistas debaten sobre estructuras corporativas y valoraciones de mercado, los empleados de Ubisoft viven las consecuencias en primera persona. Dos desarrolladores de Ubisoft Paris declararon a Game Developer que los trabajadores están indignados por la reestructuración y su impacto en juegos, estudios y plantilla. Ambos pidieron la renuncia de Guillemot.
Cinco sindicatos que representan a empleados de Ubisoft han convocado una huelga de tres días, del 10 al 12 de febrero. En un comunicado conjunto, los sindicatos fueron contundentes: “Es hora de que nuestra dirección entienda que no puede hacer lo que quiera, ya sea con dinero público o con el trabajo de cientos de personas. Sin nosotros, Ubisoft nunca habría conquistado y transformado los videojuegos como lo ha hecho. Nosotros somos la historia, nosotros somos Ubisoft”.
La referencia al dinero público no es casual. Ubisoft ha recibido apoyos institucionales en Francia, y la contradicción entre esa ayuda y los despidos recurrentes genera un malestar adicional.
El futuro incierto de un gigante
Para Cole, la situación de Ubisoft no es fruto de la falta de recursos o talento, lo que sugiere que “una reorganización podría ser exactamente lo que necesita para recuperar su ritmo”. Pero el analista también advierte que “las empresas que tengan éxito serán aquellas que puedan equilibrar el control creativo con un modelo de desarrollo más ágil y modular”.
Van Dreunen, por su parte, introduce un símil con la industria musical. “Las editoriales suelen tener sellos diferentes para géneros distintos. Ese enfoque mejora la calidad de su producción y mitiga el riesgo: cuando una división falla, no arrastra a las demás”. La pregunta es si ese modelo, que funciona para la música, puede trasladarse con éxito al desarrollo de videojuegos.
Lo que parece claro es que Ubisoft apuesta a que sí. Y mientras tanto, recorta costes, cancela proyectos como el Prince of Persia: The Sands of Time Remake y espera que las próximas entregas de sus franquicias estrella sean los “tentpoles” capaces de sostener la carpa.
La historia, sin embargo, no depende solo de los ejecutivos. Depende de los equipos que hacen los juegos, de los jugadores que los compran y de un mercado que ya no perdona los pasos en falso.
El crecimiento sostenible, ese mantra corporativo, se enfrenta a su prueba más dura. Y no está claro que vaya a salir bien parado.
