
Highlights
Música sin licencia en Steam
PRS for Music, que representa a compositores y editores musicales, inició acciones legales contra Valve por no obtener las licencias necesarias para distribuir juegos que incluyen canciones de su repertorio.
Forza Horizon y GTA en la mira
La demanda cita franquicias de alto perfil que habrían sido distribuidas sin la correspondiente autorización musical, afectando los derechos de los afiliados a la sociedad británica.
Valve acumula frentes judiciales
El conflicto por derechos musicales se suma a la demanda del estado de Nueva York por cajas de botín y a la acción de clase de consumidores. Un año complicado para la compañía en los tribunales.
Valve no está teniendo un buen año en los tribunales. A la demanda del estado de Nueva York por las cajas de botín y la posterior acción de clase de consumidores, ahora se suma un nuevo frente legal que toca un aspecto diferente pero igualmente sensible de su negocio: la música.
La sociedad británica PRS for Music inició acciones legales contra Valve por el uso no autorizado de canciones de sus miembros en juegos distribuidos a través de Steam. Según la organización, que representa los intereses de compositores, letristas y editores musicales, la plataforma de Valve nunca obtuvo la licencia necesaria para distribuir títulos que incluyen música de su repertorio.
El conflicto, que lleva años gestándose sin llegar a una resolución, finalmente estalló en los tribunales.
La cuestión legal: dos licencias, no una
El argumento de PRS descansa en una particularidad de la legislación de derechos de autor británica que muchos jugadores —e incluso algunos desarrolladores— suelen pasar por alto. Cuando un juego incluye música con derechos, no alcanza con que el estudio desarrollador tenga la licencia para usarla. El distribuidor, en este caso Valve, también necesita una licencia aparte para poner ese juego a disposición del público en su plataforma.
Es la diferencia entre el derecho a grabar una canción en un producto y el derecho a distribuir ese producto. Son dos patas distintas del mismo banco, y ambas deben estar cubiertas.
PRS alega que, durante años, Valve ha permitido que “muchos títulos que incorporan obras musicales de los miembros de PRS” estén disponibles en Steam sin tener esa segunda licencia. La organización cita explícitamente franquicias de alto perfil como Forza Horizon, FIFA/EA Sports FC y Grand Theft Auto como ejemplos de juegos afectados.
Según el comunicado de PRS, la sociedad intentó trabajar con Valve para regularizar la situación durante varios años, pero la compañía no mostró “compromiso apropiado” para resolver el problema. Ante la falta de avances, la vía legal se presentó como única opción.
La postura de PRS: proteger el valor del trabajo
Dan Gopal, director comercial de PRS for Music, explicó la decisión de llevar el caso a los tribunales: “Nuestros miembros crean música que mejora experiencias, y PRS existe para proteger el valor de su trabajo con integridad, transparencia y justicia. Las acciones legales no son un paso que tomemos a la ligera, pero cuando el accionar de una empresa socava esos principios, tenemos el deber de actuar”.
La declaración deja en claro que, para PRS, el conflicto no es solo económico sino también de principios. La música en los videojuegos no es un adorno menor. Bandas sonoras enteras definen la identidad de títulos icónicos, y los compositores dependen de las regalías para vivir de su trabajo. Cuando una plataforma del tamaño de Steam omite pagar las licencias correspondientes, el daño se multiplica en miles de títulos y cientos de creadores.
La demanda busca que Valve no solo regularice su situación de cara al futuro, sino que también compense a los artistas por el uso pasado de su música. El texto presentado por PRS pide que Valve “obtenga la licencia necesaria para cubrir el uso del repertorio de PRS, tanto retrospectivamente como hacia adelante”.
El contexto: un año complicado para Valve en los tribunales
Esta demanda no llega en el mejor momento para la compañía de Gabe Newell. A fines de febrero, la fiscal general del estado de Nueva York, Letitia James, presentó una demanda contra Valve por las prácticas de las cajas de botín, que según ella “conducen a problemas serios de adicción, especialmente entre nuestros jóvenes”.
Menos de dos semanas después, una demanda colectiva de consumidores se sumó a la causa, argumentando que las cajas de botín en los juegos de Valve están “cuidadosamente diseñadas para extraer dinero de los consumidores, incluidos niños, a través de tácticas psicológicas engañosas propias de los casinos”.
Ahora, el frente musical se suma a los problemas legales de la compañía. Aunque las demandas por derechos de autor suelen resolverse con acuerdos económicos más que con cambios estructurales en el negocio, el hecho de que PRS haya llegado a los tribunales sugiere que la negociación previa no fue fructífera.
Lo que está en juego para Steam

Para los jugadores, el impacto inmediato de esta demanda es inexistente. No van a desaparecer juegos del catálogo ni van a saltar advertencias al abrir un título. Pero a largo plazo, el precedente podría ser importante.
Si PRS gana el caso, Valve se verá obligada a pagar una compensación sustancial por años de música no licenciada. Eso podría llevar a la compañía a ser más cuidadosa en el futuro con los títulos que acepta en su plataforma, o a trasladar parte de esos costos a los desarrolladores mediante comisiones más altas.
También podría abrir la puerta a que otras sociedades de gestión colectiva de distintos países sigan el mismo camino. Lo que hoy es una demanda en el Reino Unido podría replicarse en otras jurisdicciones, multiplicando el dolor de cabeza legal y financiero para Valve.
Por ahora, la compañía no ha emitido un comunicado oficial respondiendo a las acusaciones. Pero dado el historial reciente, es probable que busque un acuerdo extrajudicial para evitar que el caso siente jurisprudencia. El problema es que, después de años de “falta de compromiso”, PRS puede no estar dispuesta a aceptar migajas.
La música importa
Detrás de los tecnicismos legales y las disputas corporativas, hay una verdad simple que a veces se pierde: la música importa. Las bandas sonoras de los videojuegos no son ruido de fondo. Son parte central de la experiencia, y los compositores merecen ser compensados cuando su trabajo se distribuye globalmente.
Que una empresa del tamaño de Valve haya permitido que esta situación se prolongue durante años sin resolverla habla de una cierta negligencia, o quizás de una estrategia deliberada de ignorar el problema hasta que sea imposible seguir haciéndolo.
Ahora es imposible. Y los tribunales decidirán cuánto cuesta ese silencio.
