
Highlights
▶ El humor como caballo de Troya
Arranca como chiste ligero, pero usa la risa para abrir paso a una crítica directa sobre cansancio crónico y vida precarizada.
▶ Jugar al agotamiento
El diseño no busca comodidad: replica la fatiga, la falta de control y la sensación de estar siempre en deuda con el tiempo.
▶ Cuando vivir es el desafío
Más que un juego “sobre trabajo”, es una experiencia sobre sobrevivir emocionalmente en un sistema que no descansa.
Arranca como chiste, avanza como sátira y termina golpeando donde duele. Living is Expensive: Defeat my sleep deprivation monsters (And I will cure your poverty virus) no intenta disimular nada: es un juego sobre estar cansado, sobre trabajar demasiado, sobre no llegar a fin de mes y sobre esa sensación persistente de que vivir —simplemente vivir— se volvió carísimo. En tiempo, en energía, en salud mental.
Y sí, el título es largo. Demasiado largo. A propósito.
Vampiros, capitalismo y agotamiento crónico

Definirse es parte del juego. Living is Expensive… se presenta como un roguelike deckbuilder visual novel, con una honestidad brutal en su propia matemática interna:
33% deckbuilder,
66% novela visual,
1% perdido a la inflación.
No es solo un gag. Es una declaración editorial. El juego entiende perfectamente que la mecánica importa, pero que el verdadero corazón está en el relato, en los personajes y en el comentario social. El sistema de cartas existe, pero no pretende ser el próximo Slay the Spire. Pretende acompañar una idea: el desgaste emocional del trabajo moderno.
La estética y el tono se apoyan en una mezcla incómoda pero efectiva: humor autoconsciente, cinismo suave y una tristeza cotidiana que cualquiera que haya trabajado un 9 a 5 reconoce sin necesidad de tutorial.
Trabajar, pagar, repetir

La premisa es directa hasta el hueso: trabajás. Todos los días. Te cansás. No dormís bien. El costo de vida te persigue como un monstruo invisible. Y cuando el agotamiento se acumula lo suficiente, esos monstruos dejan de ser metafóricos.
En Living is Expensive… esos enemigos tienen nombre propio: los monstruos de la privación del sueño. No aparecen como dragones épicos ni demonios ancestrales. Son extensiones de un sistema que exprime hasta que no queda nada.
El juego no romantiza el sacrificio. Lo expone. Y se ríe de él con una sonrisa torcida.
Un elenco que funciona como espejo
Los personajes no están ahí para decorar. Son arquetipos reconocibles, exagerados lo justo para que duelan.
- Tu jefe, que trabaja 24 horas al día. No duerme. No descansa. No vive. Cree que el dinero puede curar cualquier cosa, incluso lo que él mismo no se permite sentir. Es el rostro amable del burnout glorificado.
- Tu colega, introvertido, sin energía, perdido. No odia el trabajo. Odia no encontrarle sentido a nada. Es el personaje más silencioso y, paradójicamente, el más ruidoso a nivel emocional.
- Tu manager, un vampiro simpático, guiño incluido. Literalmente se alimenta de tu energía, pero lo hace con carisma. Es gracioso. Es adorable. Y es una metáfora tan obvia que funciona precisamente por no esconderse.
El vampiro no es el villano clásico. Es el middle management con sonrisa.
El juego de cartas como excusa (y como advertencia)

En términos de gameplay, Living is Expensive… propone un sistema sencillo: seleccionás cartas de monstruos, atacás, obtenés nuevas cartas, creás runas y, eventualmente, te volvés “overpowered”.
Pero el propio juego se adelanta a cualquier crítica: no pretende que el card game sea lo mejor de la experiencia. De hecho, lo dice explícitamente. Casi pide disculpas. Casi se boicotea.
Y ahí está uno de sus aciertos más interesantes: te permite saltar el juego de cartas y quedarte solo con la historia. Incluso te deja saltear la historia… aunque te avisa que se va a poner triste si lo hacés.
No es cinismo gratuito. Es coherencia temática. El juego entiende que no siempre tenemos energía para todo. A veces, incluso jugar cansa.
Work–Life Balance, pero en serio
Pocos juegos hablan del balance entre trabajo y vida sin caer en slogans vacíos. Living is Expensive… lo hace desde la duda, no desde la certeza.
“Overworking is unhealthy. Probably. I guess. Maybe.”
No hay moraleja cerrada. No hay solución mágica. Hay preguntas incómodas:
¿Para qué trabajamos tanto?
¿Qué pasa si nunca disfrutamos?
¿Vale la pena ganar si el costo es no vivir?
El juego no te da una respuesta universal. Te da dos finales felices, lo cual ya es una declaración política en sí misma. La felicidad, acá, no es única ni obligatoria. Es una posibilidad que se construye.
Narrativa antes que performance
Desde lo formal, Living is Expensive… se apoya en una narrativa autoconsciente, casi metanarrativa. Se ríe de sí mismo, rompe la cuarta pared con delicadeza y no pretende ser más grande de lo que es.
No quiere horas infinitas de contenido. Quiere dejarte pensando. Quiere que te rías… y después te sientas un poco observado.
En un contexto donde muchos juegos indies intentan “escalar”, este elige quedarse chico, íntimo, casi confesional.
Por qué importa
Porque habla de algo que la industria —y la vida real— suele normalizar: el cansancio constante. Porque entiende que el agotamiento no es una debilidad individual, sino una consecuencia sistémica. Porque se anima a decir que trabajar todo el tiempo no es heroico, es insostenible.
Living is Expensive… no es un juego para escapar del mundo. Es un juego para mirarlo de frente, bostezando, con ojeras, preguntándote si sos el único que se siente así.
Spoiler: no lo sos.
Y quizás ahí esté su mayor logro.
