
Highlights
– Escocia deja de tratar al gaming como cultura y lo convierte en política económica.
– Un plan nacional con metas medibles: £1.000 millones de GVA al 2030.
– Videojuegos como infraestructura productiva, no como entretenimiento.
– Aprendizaje para Paraguay: Como emular a través del INAP, DINAPI y la SNC
Escocia decidió dejar de hablar del videojuego como industria creativa “interesante” y empezar a tratarlo como lo que ya es: un motor económico de alto rendimiento. Un nuevo Games Action Plan nacional traza una hoja de ruta clara para convertir al país en el primer supercluster de videojuegos del Reino Unido, con un objetivo concreto y medible: superar los £1.000 millones en valor agregado bruto anual para 2030.
No es una promesa inflada. Es una estrategia diseñada durante 18 meses de consultas con la industria y la comunidad, con un enfoque pragmático, escalonado y listo para ejecutarse.
Productividad que ya juega en primera división
Hoy, el sector de videojuegos en Escocia ya muestra cifras que lo separan del promedio nacional. Cada trabajador genera £151.382 en valor agregado bruto, más del doble de la media del país. Es un dato clave: el plan no parte de una fantasía futura, sino de una base productiva que ya rinde por encima del estándar.
Ese rendimiento convierte a los videojuegos en algo más que entretenimiento o cultura digital. El documento los posiciona como infraestructura económica, capaces de impulsar innovación, desarrollo de habilidades y transferencia tecnológica hacia otros sectores.
Un plan alineado, no aislado

Uno de los puntos fuertes del Games Action Plan es su alineación directa con las prioridades nacionales. No compite por atención ni presupuesto: se integra. El plan dialoga con la National Strategy for Economic Transformation, el Scottish Technology Ecosystem Review y el Digital Economy Skills Action Plan.
La señal es clara: los videojuegos dejan de ser un nicho y pasan a formar parte del núcleo del proyecto económico del país.
Crecer sin improvisar: estructura antes que gasto
Lejos de pedir inyecciones inmediatas de dinero, el plan propone un marco de crecimiento desriesgado, apoyado en recursos e infraestructura ya existentes. La lógica es simple: ordenar, coordinar y escalar lo que ya funciona.
Las cinco recomendaciones centrales marcan el camino:
- Nombrar un Chief Games Officer que articule industria, gobierno y academia.
- Lanzar un Games Growth Catalyst Fund piloto, orientado a acelerar estudios con potencial de crecimiento.
- Crear un foro nacional de educación y habilidades, para alinear formación con demanda real.
- Establecer un servicio dedicado de soporte empresarial y sostenibilidad para estudios, atacando uno de los cuellos de botella históricos del sector.
- Desarrollar un National Innovation Centre for Games, como polo de I+D y transferencia tecnológica.
Evidencia, no fe
El documento no se apoya en intuiciones. Señala ejemplos concretos que ya demostraron retorno sobre la inversión pública, como el UK Games Fund y el centro escocés InGAME, que funcionaron como pruebas de concepto para un crecimiento sostenido y medible.
El mensaje es directo: invertir en videojuegos funciona, siempre que se haga con estructura, visión de largo plazo y coordinación institucional.
¿Qué puede aprender Paraguay del modelo escocés?
Paraguay no parte de cero ni necesita inventar una épica propia para entrar en el mapa del desarrollo de videojuegos. Lo que muestra Escocia es que el salto no depende de presupuestos gigantes, sino de alineación institucional, claridad de objetivos y continuidad política. Paraguay ya tiene piezas clave: falta ordenarlas bajo una estrategia común y medible.
El primer paso es asumir al videojuego como sector productivo y cultural híbrido, no como hobby tecnológico. Eso implica dejar de tratarlo solo como “industria creativa emergente” y empezar a medirlo en términos de empleo, valor agregado, exportación y transferencia de conocimiento. Escocia lo hizo cuando puso números sobre la mesa. Paraguay puede —y debe— hacer lo mismo.
INAP, DINAPI y Cultura: los tres pilares posibles
Si Escocia entendió algo clave, es esto: los videojuegos no crecen por talento suelto, sino por decisiones de política pública sostenidas. Paraguay tiene una ventaja conceptual que suele subestimarse: los videojuegos ya están reconocidos dentro del sector audiovisual, y ahí el INAP puede jugar un rol central y estratégico.
Desde una lógica de política pública, el INAP puede liderar la coordinación interinstitucional: definir prioridades, mapear capacidades, estandarizar procesos y dialogar con Educación, Industria y Hacienda. No es glamour, es gobernanza. Sin eso, cualquier plan se diluye en buenas intenciones.
Escocia no creó una industria nueva: ordenó la existente bajo un mismo paraguas estatal. Paraguay puede replicar ese movimiento a escala local.
La DINAPI, por su parte, es un activo estratégico subutilizado. Propiedad intelectual clara y protegida es condición básica para que los estudios crezcan, atraigan inversión y exporten. Un esquema de acompañamiento específico para videojuegos —patentes blandas, marcas, derechos de autor y contratos internacionales— podría convertirse en una ventaja competitiva regional si se sistematiza correctamente.
La Secretaría Nacional de Cultura puede aportar lo que ningún otro organismo tiene: legitimidad simbólica y narrativa país. Videojuegos basados en identidad, historia, mitología y lenguajes locales no solo tienen valor cultural; también son productos diferenciados en un mercado global saturado. Cultura no debe financiar juegos por romanticismo, sino activar contenido exportable con identidad propia.
De la dispersión al “mini-cluster” posible
Paraguay no necesita un “supercluster” inmediato. Necesita un cluster funcional, pequeño pero coordinado: estudios, formación, propiedad intelectual y relato país trabajando bajo un mismo paraguas. Un programa piloto —con liderazgo claro, objetivos a cinco años y métricas simples— sería suficiente para probar tracción sin quemar recursos.
Escocia demuestra que cuando el Estado deja de improvisar y empieza a orquestar, el crecimiento llega solo. Paraguay tiene menos escala, sí. Pero también menos ruido. Si INAP, DINAPI y Cultura juegan en equipo, el país puede dejar de mirar el gaming como promesa y empezar a tratarlo como política pública productiva.
No es cuestión de copiar modelos. Es cuestión de copiar decisiones inteligentes. Y Escocia acaba de poner una sobre la mesa.
Una ambición con calendario

Si el plan se implementa en su totalidad, Escocia no solo podría liderar el sector dentro del Reino Unido, sino convertirse en un referente europeo de desarrollo, innovación y talento en videojuegos antes de que termine la década.
No se trata de “apostar” al gaming. Escocia ya tomó una decisión más madura: organizarlo, escalarlo y convertirlo en política de Estado. El resto es ejecución. Y, por primera vez, el mapa está claramente trazado.
