
Highlights
– La demanda que expone el costo real de la reestructuración en Ubisoft.
– Vantage Studios como operación financiera y reorganización de poder.
– Cuando “reubicar” también significa empujar hacia la salida.
Marc-Alexis Côté no fue un ejecutivo más. Durante más de 20 años fue una de las figuras centrales de Ubisoft y, desde 2022, el máximo responsable creativo y productivo de Assassin’s Creed. Reportaba directo a Yves Guillemot. Tenía peso real. Tenía control. Tenía voz.
Y, según él, eso se terminó cuando nació Vantage Studios.
Esta semana se conoció que Côté presentó una demanda contra Ubisoft en Quebec, reclamando alrededor de CAD 1,3 millones en daños (unos USD 930.000), alegando despido indirecto. No una salida negociada. No una renuncia voluntaria. Una elección forzada.
“O aceptás el recorte, o te vas”
La versión oficial de Ubisoft, comunicada en octubre de 2025, fue clara y prolija: a Côté se le ofreció un rol dentro de Vantage Studios —la nueva estructura creada junto a Tencent para centralizar Assassin’s Creed, Far Cry y Rainbow Six— y él decidió no aceptarlo. Christophe Derennes, co-CEO de Vantage, dijo estar “decepcionado” por su decisión.
Côté respondió públicamente en LinkedIn con una frase que ahora cobra otro peso:
“Yo no me fui. Me quedé en mi puesto hasta que Ubisoft me pidió que diera un paso al costado”.
Sin resentimientos, aclaró entonces. Con abogados, aclara ahora.
Según la demanda citada por Radio-Canada, el problema no fue la existencia de un nuevo rol, sino su jerarquía. Antes de Vantage, Côté era el jefe absoluto de Assassin’s Creed. Después, se le ofrecía un puesto como head of production, reportando a un head of franchise que supervisaría tres IP… y que estaría basado en Francia, no en Quebec.
Traducción simple: menos poder, menos influencia, menos autonomía.
Cuando la reestructuración también es mensaje

La demanda sostiene que, tras la creación de Vantage, la influencia de Côté “se desmoronó”. No fue despedido formalmente, pero quedó atrapado entre dos opciones: aceptar una degradación significativa o irse sin indemnización.
Ubisoft eligió tratar su salida como una renuncia. Côté y sus abogados sostienen que eso encaja perfectamente en la definición legal de constructive dismissal bajo la ley canadiense. Por eso reclama dos años de salario, daños morales y la eliminación de una cláusula de no competencia que —según él— limita seriamente sus posibilidades laborales en un mercado ya debilitado.
No es solo dinero. Es reputación. Es futuro profesional.
Vantage Studios: eficiencia, control y daños colaterales
Vantage Studios no nació solo como un experimento creativo. Fue también una operación financiera y una reorganización de poder. Tencent puso €1.16 mil millones para quedarse con cerca del 25 % del nuevo holding, dándole a Ubisoft oxígeno en un momento complicado, tras varios lanzamientos de alto presupuesto que no rindieron como se esperaba.
El discurso fue el habitual: agilizar decisiones, compartir tecnología, acortar la distancia entre equipos y jugadores, crear franquicias evergreen. Todo suena bien en un slide. Pero en la práctica, también implica redefinir quién manda y quién ejecuta.
Y ahí es donde el caso Côté deja de ser anecdótico.
Lo que realmente está en juego
Esta demanda no es solo sobre Assassin’s Creed. Es sobre qué pasa cuando una empresa se reestructura y los ejecutivos históricos dejan de encajar en el nuevo organigrama. No los despiden. Los “reubican”. Y si no aceptan, el sistema los empuja hacia la salida.
Ubisoft dirá que ofreció una alternativa. Côté dirá que era inaceptable. La justicia dirá si eso fue una renuncia… o una expulsión elegante.
Mientras tanto, el mensaje es claro para toda la industria: las reestructuraciones no solo cambian estudios y logos. Cambian quién tiene poder real. Y no todos sobreviven a ese ajuste, incluso después de 20 años en la cima.
