
Highlights
– AMD afirma no ver impacto inmediato por la suba de precios.
– El discurso corporativo frente al ajuste real del consumidor.
– Un mercado que empieza a moverse más por necesidad que por deseo.
En el ecosistema PC hay una palabra que se repite cada vez con más fuerza en las últimas semanas: precio. Y no precisamente en tono celebratorio. La suba acelerada del costo de la RAM —acompañada, aunque en menor medida, por aumentos en almacenamiento y GPUs— se convirtió en el tema más caliente del hardware a comienzos de 2026. En ese contexto, una voz de peso dentro de AMD decidió bajar un cambio… o, al menos, intentarlo.
Durante una entrevista con Tom’s Hardware en el marco del CES 2026, Rahul Tikoo, vicepresidente senior y gerente general de la Client Business Unit de AMD, fue consultado directamente sobre cómo la compañía está reaccionando ante el encarecimiento del DRAM y el storage, y qué impacto espera en un año donde ya se proyecta una caída en las ventas de PCs.
La respuesta fue, cuanto menos, llamativa por su tono.
“No vemos ningún problema allí, más allá de que la escasez lleva eventualmente a precios más altos. Desde esa perspectiva, no estoy viendo ningún impacto en nuestro negocio este año”.
Dicho sin vueltas: para AMD, el aumento de precios no sería un problema estructural inmediato.
“El que necesita tecnología, la va a comprar”
Tikoo profundizó un poco más su postura con una frase que resume bastante bien la lógica que hoy domina a buena parte de la industria:
“La gente que necesita la tecnología, necesita la tecnología, y la va a comprar. Quizás los consumidores tengan que tomar decisiones sobre cuánta memoria o qué CPU elegir. Y eso está bien, porque tenemos una amplia variedad de productos”.
El mensaje es claro: el mercado se ajusta solo. Si la RAM está cara, se compra menos RAM. Si el presupuesto no alcanza, se recorta en CPU, GPU o en ambos. No es ideal, pero es viable. Al menos, desde la mirada corporativa.
El titular elegido por Tom’s Hardware va incluso un poco más lejos, citando que los consumidores tienen “una amplia variedad de opciones para todos los rangos de precio” de cara a este año. Una afirmación técnicamente correcta, aunque discutible cuando se la baja al terreno real del usuario promedio.
El problema no es si se puede, sino si se quiere

Porque sí: opciones hay. Siempre las hay. Se puede armar un PC con menos memoria, optar por un CPU más económico, estirar una GPU vieja un año más o resignar rendimiento general para mantener el presupuesto bajo control. El punto es otro: nadie quiere escuchar que la solución a un aumento de precios es recortar expectativas.
Decir “la RAM no es tan cara si bajás en otro lado” es como decir que el aumento del alquiler no duele tanto si dejás de salir a comer afuera. Puede ser cierto, pero no es precisamente tranquilizador.
Y ahí aparece la parte más honesta —y también más incómoda— del razonamiento de Tikoo: quienes necesitan una PC no tienen margen de maniobra real. Si tu equipo murió, si trabajás con la máquina o si tu sistema actual ya no da más, vas a comprar igual. Y probablemente vas a pagar más, o vas a aceptar compromisos que hace dos años no hubieras considerado.
Dos miradas, un mismo mercado
Desde el punto de vista empresarial, la postura de AMD es lógica. La compañía no vende PCs completos, sino CPUs. Si el usuario compra un Ryzen más económico para compensar una RAM más cara, el negocio sigue girando. Desde el lado del consumidor, la ecuación es distinta: cada recorte suma frustración.
Y aunque Tikoo tenga razón en algo —la demanda básica no va a desaparecer—, el riesgo a mediano plazo es claro: menos entusiasmo, menos upgrades por gusto, más compras por necesidad. Un mercado que se mueve por obligación suele ser un mercado más frío, más conservador y menos dispuesto a experimentar.
