
Highlights
1. Tim Sweeney sostiene que la IA será parte de casi todo desarrollo de videojuegos en el futuro.
2. Cuestiona las etiquetas “Made with AI”, considerándolas irrelevantes para tiendas digitales.
3. El debate crece tras la polémica por el uso de IA en Black Ops 7 y la intervención política en EE. UU.
La discusión sobre el papel de la inteligencia artificial en la industria del videojuego atraviesa un momento decisivo. Con posiciones enfrentadas —desde estudios que apuestan abiertamente por herramientas generativas hasta creativos que temen perder la “alma” del proceso artístico—, el debate volvió a encenderse tras los comentarios del CEO de Epic Games, Tim Sweeney, quien declaró que la IA será parte inherente de prácticamente todo desarrollo futuro.
Sus palabras, lejos de ser una simple postura personal, funcionan como una declaración frontal hacia un sector que aún intenta definir reglas, marcos éticos y expectativas para los jugadores.
El disparador: las etiquetas “Made with AI”
El intercambio comenzó en X (ex Twitter), luego de que un usuario criticara las etiquetas de “Made with AI” que algunas tiendas digitales imponen a los desarrolladores. La postura: estas advertencias deberían desaparecer.
Sweeney no dudó en respaldar el comentario, afirmando que la etiqueta solo tiene sentido en contextos de autoría formal —como exhibiciones de arte o mercados de licencias—, pero no en plataformas donde se venden videojuegos.
Para el ejecutivo, exigir ese tipo de divulgación en tiendas como Steam o Epic Games Store resulta irrelevante:
“La IA estará involucrada en casi toda producción futura.”
La frase, directa y provocadora, encapsula su visión: la IA será una herramienta tan común como los motores gráficos o los sistemas de iluminación.
El choque con la noción de “derecho a saber”

Cuando otro usuario argumentó que los jugadores “merecen saber”, Sweeney respondió con ironía:
“¿Por qué detenernos en la IA? Podríamos exigir que los estudios revelen la marca de shampoo que usan los desarrolladores.”
El sarcasmo expone una idea clara: informar sobre el uso de IA no aporta un valor real al consumidor final si su impacto no puede evaluarse de manera significativa en el producto terminado.
Contexto: una industria partida en opiniones
Las palabras de Sweeney llegan en un momento en que múltiples figuras de peso expresan preocupación por la IA generativa.
El director de The Witcher 3, por ejemplo, declaró recientemente que no cree que “juegos creados solo con IA tengan alma”, un dardo directo hacia la automatización creativa.
Del otro lado del espectro, empresas como Ubisoft exploran modelos híbridos donde la IA acelera tareas repetitivas, pero no reemplaza la dirección autoral.
La polémica Black Ops 7 y la presión política
La tensión aumentó semanas atrás cuando la comunidad detectó que Activision había utilizado IA para crear tarjetas cosméticas de Black Ops 7.
El uso fue tan criticado que llegó al radar político: el congresista estadounidense Ro Khanna intervino diciendo que se necesitan regulaciones para impedir que las empresas “eliminen empleos usando IA para maximizar ganancias”.
Este episodio evidencia que el debate dejó de ser técnico y entró en la arena social, laboral y legislativa.
¿Hacia dónde se inclina el futuro?
El comentario de Sweeney no solo reconoce la inevitabilidad tecnológica, sino que también intenta amortiguar la alarma colectiva. Para él, la IA se convertirá en un componente estándar del desarrollo, no en un reemplazo total del trabajo creativo.
La pregunta real no es si la IA debe usarse, sino cómo, bajo qué controles y con qué límites para evitar abusos.
Con las grandes editoras experimentando, los estudios independientes probando alternativas y los jugadores exigiendo transparencia, la industria se acerca a un punto de inflexión donde el uso responsable será tan importante como el resultado final.
