La compra de Electronic Arts (EA) por 55.000 millones de dólares por parte de un consorcio de inversores liderado por el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudí, y en el que participa Jared Kushner, yerno de Donald Trump, ha sumido a la compañía en una profunda crisis de confianza. A pesar de las repetidas garantías de la dirección de que la operación no afectaría a la cultura corporativa ni a la libertad creativa, múltiples empleados actuales de la editora con sede en Estados Unidos y Canadá han manifestado a Game Developer su descontento, temor y escepticismo ante lo que consideran un cambio de paradigma radical.
“Lavado de imagen” y “pixelwashing”: el fantasma de la propaganda saudí
El núcleo de la preocupación de los trabajadores reside en la posibilidad de que Arabia Saudí utilice EA como un vehículo de propaganda para blanquear su reputación internacional, una práctica que el propio príncipe heredero, Mohammed bin Salman, ha denominado sin ambages como “lavado de imagen” o “sportswashing”. En una entrevista con Fox News, Bin Salman declaró: “Si el lavado de imagen va a aumentar mi PIB en un 1%, entonces continuaremos haciéndolo. No me importa [el término]. Tengo un 1% de crecimiento del PIB gracias al deporte y aspiro a otro 1,5%”.
Esta filosofía, aplicada al mundo del videojuego, ha llevado a los empleados a preguntarse si hemos entrado en una era de “pixelwashing”, en la que los líderes saudíes intentarán aprovechar el medio para impulsar su agenda política y distraer de las acusaciones de abusos contra los derechos humanos. “Entre Football Club, Madden y Battlefield, el estudio tiene un enorme alcance global”, afirmó una fuente. “Nos han asegurado en reuniones internas que esta compra no afectará negativamente a nuestra cultura empresarial, pero eso se basa en la suposición de que la cultura de EA es moralmente buena y bienintencionada”. Otro empleado describió la operación como una forma de que Arabia Saudí “distraiga la atención de su historial de derechos humanos ‘regresivo’ cooptando una cultura empresarial establecida y comparativamente progresista”.

El miedo a la censura y al control creativo
La sensación de cinismo es generalizada, incluso en estudios tradicionalmente estables como Maxis, el creador de Los Sims. Aunque Maxis ha declarado públicamente que su compromiso con la “inclusividad, la elección, la creatividad, la comunidad y el juego” no ha flaqueado, los empleados no se lo creen. La creencia generalizada es que los despidos son inevitables y que ciertos proyectos serán cancelados o pasados por alto para complacer a los nuevos propietarios saudíes.
“El príncipe no va a subirse a una reunión interna y decir ‘ya no vamos a hacer esto’, sino que los proyectos simplemente no se firmarán porque no se alinean explícitamente con lo que quiere el gobierno saudí, o implícitamente porque [EA pensará] ‘oh, vamos a tratar de adaptar estas cosas [a nuestros dueños] porque si presentamos otra cosa, el gobierno puede no quererla o aprobarla'”, explicó una fuente.
Moral en caída libre y el abismo entre directivos y empleados
La situación está pasando factura a la moral de los trabajadores. Un empleado confesó sentirse “sucio” al saber que ahora trabaja para una propiedad que considera “inhumanos” a sus amigos y familiares queer. “Si EA tuviera una cultura con un mínimo de columna vertebral moral, no se acostaría con un príncipe al que repugnan las sexualidades y etnias de muchos de sus empleados actuales”, sentenció otro. “Luego tienes a Jared Kushner en este asqueroso guiso empresarial, lo que es el colmo del insulto. Me siento mal solo de pensarlo, pero no tengo adónde ir. Me encantaría irme, pero no hay trabajo y tengo facturas que pagar”.
La brecha entre la cúpula directiva y los empleados de base se ha hecho más evidente que nunca. Tras una reunión en otoño de 2025, los directores del pilar de “estilo de vida” de EA olvidaron que sus micrófonos seguían abiertos y uno de ellos murmuró “bebés” (“little babies”) al final de la llamada, en aparente referencia a los empleados que habían planteado preguntas incómodas. En otra reunión, un ejecutivo bromeó sobre la necesidad de comprar otro caballo para su hijo porque era el año del caballo en el calendario lunar chino, un comentario que subrayó la enorme diferencia entre la vida de los directivos y la de sus empleados. “Algunos de nosotros tenemos problemas para llegar a fin de mes. Algunos perdimos nuestros empleos sin esperanza de encontrar uno nuevo. Apuesto a que la mayoría de nosotros ni siquiera tenemos un poni”, dijo un empleado.
Despidos y deuda: la espada de Damocles
A pesar de que EA ha asegurado que no habrá despidos “inmediatos” y que la deuda de 20.000 millones de dólares contraída para la operación no afectará a su capacidad de inversión, los empleados son escépticos. La preocupación es que la compañía recurra a “oleadas de pequeños despidos” para eludir la Ley de Notificación de Ajuste y Reentrenamiento de Trabajadores (WARN) de EE.UU., que exige un aviso público previo.
“Es difícil ver cómo los equipos o juegos que no rinden no serían disueltos o vendidos”, afirmó una fuente. “La historia de las compras apalancadas demuestra que este es el libreto, no importa lo que nuestros ejecutivos insistan en que será diferente. La única incógnita (y el miedo) es qué tan pronto y qué tan profundamente habrá que recortar para pagar esta deuda”.
EA declinó hacer comentarios cuando Game Developer se puso en contacto con ellos.
